Entrevista publicada en The Clinic (2 octubre 2025).
Por Rodrigo Córdova.
El Presidente Gabriel Boric viajó la semana pasada a Nueva York, Estados Unidos, para participar en el 80° debate de la Asamblea General de las Naciones Unidas. El mandatario lo hizo acompañado de ministros, una delegación parlamentaria y de la expresidenta Michelle Bachelet, a quien nominó como candidata a la secretaría general del organismo.
En paralelo, también viajó Tomás Leighton, el sociólogo director ejecutivo de Rumbo Colectivo —centro de pensamiento vinculado al Frente Amplio—, quien participó en encuentros con otros think tanks progresistas internacionales con los que ya había trazado una hoja de ruta en julio pasado en Chile, en el marco del encuentro de líderes progresistas “Democracia Siempre”. Esa cita reunió al propio Boric junto a Luiz Inácio Lula da Silva, Pedro Sánchez, Gustavo Petro y Yamandú Orsi.
En Nueva York, Leighton estuvo presente en el Segundo Encuentro Internacional de la Sociedad Civil, instancia en la que también figuró el exministro Giorgio Jackson, y donde se dio origen a la Red Internacional de Pensamiento Democrático: una plataforma global de centros de estudio y organizaciones de la sociedad civil “comprometidas con la defensa de la democracia, los derechos humanos, la justicia social y el fortalecimiento del multilateralismo”, según informó Rumbo Colectivo en sus redes sociales.
Aunque el encuentro se desarrolló de manera independiente a la reunión de los líderes progresistas iberoamericanos, no estuvo del todo ajeno al mandatario. De hecho, durante la cita “En defensa de la democracia, combatiendo el extremismo”, Boric agradeció públicamente a Leighton, que se encontraba entre los asistentes, por impulsar la iniciativa que permitió articular la nueva red internacional de centros de pensamiento.
Leighton ya retornó a Chile, pero no por eso ha dejado de darle vueltas al hito que se concretó en Nueva York. Desde acá, analiza las proyecciones que abre la creación de esta red de think tanks progresistas y las señales que dejó para el país su desempeño en el 80° aniversario de Naciones Unidas.
—¿Cómo recibió la noticia de la candidatura de Michelle Bachelet como Secretario General de la ONU?
—La postulación de Michelle Bachelet es el resultado del progreso de Chile desde el fin de la dictadura. Creo que Bachelet en la ONU podría terminar con un largo periodo de infamia internacional a la que nos condenó Pinochet. Todas las vergüenzas que nos hizo pasar esa vieja derecha a nivel mundial. Pero también, más allá de la derecha, Bachelet en la ONU podría cambiar la imagen que proyectamos al mundo durante los primeros años de la transición democrática, que ha ido variando. Ese cambio, para mí, tiene el rostro de Michelle Bachelet.
—Parlamentarios de oposición apoyaron la nominación de la candidatura, pero los abanderados presidenciales de derecha optaron por poner en duda su apoyo. ¿Cómo se interpreta ese mensaje?
—La derecha local ha titubeado en su reacción porque saben que la gente siente que la candidatura de Bachelet es como una proeza nacional. En el caso de Kast, uno de los problemas de la ultraderecha es que no se puede ser nacionalista y al mismo tiempo agachar la cabeza ante las potencias mundiales. Si es que las personas perciben esta candidatura como una proeza nacional, de dignidad nacional, es compleja la reacción que pueda tener el candidato Kast. Me parece que es una posición incómoda para él.
Por otro lado, hay otra derecha, que está bien encarnada por el presidente del Senado Manuel José Ossandón, que se da cuenta que la nueva imagen de Chile en el mundo está vinculada a su primera mujer presidenta en 2006 que tuvo un rol como directora de ONU Mujeres, como alta comisionada en la ONU, y que considera el hecho de que Chile tenga disponible una persona especializada al punto de que podría ocupar el cargo más difícil de ejercer en el mundo.
—Otro hito de la visita a la Asamblea General de las Naciones Unidas fue la creación de la Red Internacional de Pensamiento Democrático, de la cual usted fue parte. ¿De qué trata?
—Para entender el contexto, la conformación de nuestra red responde a la crisis de la democracia en el mundo. El último informe de IDEA Internacional muestra que la mitad de los países del mundo retrocedieron en su desempeño democrático en los últimos cinco años, especialmente en temas de la independencia del poder judicial en un Estado de Derecho. Y el caso insigne de esas tendencias iliberales, como se les ha llamado, es el Estados Unidos de Donald Trump, que ha descendido en el índice de democracia liberal al puesto 24, que está muy lejos, por ejemplo, del puntaje de nuestro país, que es el 15.
La cuestión que es preocupante, y lo que motiva hacer una red como la que estamos conformando, es que la ultraderecha, lejos de preocuparse de estos resultados problemáticos de la democracia, se siente orgullosa de eso porque lo han buscado durante muchos años a través de la Conservative Political Action Conference, el CPAC, que es una internacional que hace eventos todos los años.
—¿La Red Internacional de Pensamiento Democrático se podría decir que es un equivalente a un CPAC de izquierda?
—Yo diría que si la CPAC no estuviese teniendo el éxito que tiene al socavar la democracia, no sería necesario crear una red de defensa de la democracia. Estamos hablando de los grandes peligros que enfrenta nuestra democracia por efecto de los discursos de la ultraderecha. Si el caso insigne del deterioro democrático de Estados Unidos, es porque el vicepresidente de dicho país, JD Vance tiene escritores de cabecera, como por ejemplo el bloguero Curtis Yarvin, que es un es un intelectual abiertamente monarquista, es decir, que cree que el régimen democrático como un estorbo del progreso. El problema de esta CPAC es que no son solo discursos, también son cosas concretas.
Trump, por ejemplo, se sirvió de una plataforma de think tanks para planificar las redadas que hace contra los migrantes en su país y para planificar el departamento contra la inversión pública. Hay un libro muy importante de Kevin Anderson de la Heritage Foundation, que es otra de estas fundaciones del ámbito conservador, en el que pueden rastrearse muchas de estas tácticas que las prepararon con antelación para minar la administración del Estado.
Entonces, contra todo eso es necesario también promover la democracia en un contexto muy difícil. Ahora, no quiero decir que todo esto es catastrófico, porque en realidad tengo mucho optimismo sobre cómo la democracia puede ser resiliente, y de eso también se trata la red.
—Y, en ese contexto, cómo piensa actuar esta red en términos concretos. ¿Son estudio, charlas? ¿Impondrá una metodología de elaboración de políticas públicas?
—No solamente vamos a producir investigaciones rigurosas, que es algo que la academia y las universidades públicas hacen muy bien alrededor del mundo, sino que la idea es darle visibilidad a las cosas que el Estado hace bien en distintas partes del mundo.
Vamos a demostrar que la democracia puede dar resultados, pero que si esos resultados no se difunden, la democracia muere. Entonces, en lo concreto, sí, vamos a seguir organizando festivales que básicamente existen porque los líderes tienen la convicción de que las instituciones democráticas no se cuidan solas, que se requiere el involucramiento de la sociedad civil, pero también vamos a tensionar a algunos académicos a salirse un poco del circuito exigido por la academia. Porque la democracia lo que realmente exige es que todos los demócratas nos comprometamos en visibilizar cuando el Estado lo hace bien para poder salvarla de las ideas catastrofistas y distópicas con que la ultraderecha difunde el miedo.
—A propósito del impulso de los líderes, el Presidente de España, Pedro Sánchez, durante el homenaje a José Pepe Mujica, habló de ir en busca de una utopía. ¿La Red se sitúa en esa persecución o es una mera defensa de la democracia?
—Eso es interesante, porque yo diría que el CPAC es una máquina de generación de distopía, de importación y exportación de distopía. La red que estamos formando, más que una suerte de laboratorio de ideas, es una plataforma en donde los demócratas, que no necesitan inventar nuevas ideas, pueden buscar nuevas formas de visualizarlas antes de que mueran en el olvido. Como dice nuestra declaración pública, nosotros tenemos la convicción de que el mundo ya está poblado de iniciativas democráticas que en el día a día, en la cotidianeidad, ayudan y sostienen la vida de mucha gente.
Cuando los programas sociales también tienen una manera de publicitarse bien y de, por así decirlo, que no solamente se obtenga un beneficio, sino que también se pueda creer que en ese beneficio, hay una manera de vivir juntos, la democracia se fortalece, se vuelve más vigorosa.
—En Chile el candidato presidencial José Antonio Kast, que ostenta el segundo lugar en las encuestas, suele participar en los encuentros de la CPAC. ¿Le preocupa?
—A ver, Kast lleva años haciendo política internacional. De hecho, en el último encuentro en Hungría compartió con dos ministros del genocida Benjamín Netanyahu, con Chikli y Gamliel, que son ambos del partido de ultraderecha israelí, llamado Likud. Estos viajes que hace Kast pretenden un modelo de importación de ideas extranjeras para Chile, pero como decía antes, si bien estas ideas de ultraderecha llaman la atención porque son excéntricas, en realidad no funcionan y menos van a funcionar en Chile.
El problema es que Kast está importando distopías que no calzan en Chile. Por un lado, esta semana lo hemos visto en la polémica por lo del gasto público. Él importa la idea de cercenar la inversión pública con un recorte de 6.000 millones de dólares. Por otro lado, ha anunciado que va a construir más cárcel y que va a sumar personal de seguridad, lo que requeriría un ritmo de gasto más acelerado que el del Gobierno de Boric. Estamos hablando de que este Gobierno aumentó el presupuesto en un 16,7% respecto de Piñera en seguridad. O sea, tendría que gastar más aún. El problema es que no ha explicado de qué programa social va a eliminar para aumentar en seguridad.
—¿Cómo calificaría eso entonces?
—En la teoría política, cuando se restringen las funciones del Estado a funciones policiales, eso se llama minarquismo. Los Chicago Boys son como niños de pecho al lado de los minarquistas. El minarquismo imagina al Estado como un mero vigilante nocturno, como un guardia de noche, digamos. Esa utopía es absolutamente inviable en Chile por que no tiene nada que ver con el país.
A diferencia de Milei y de Trump, que tienen esta idea de los topos que pasan una temporada en el Estado para destruirlo por dentro, la derecha chilena lleva toda su vida viviendo en el Estado y no lo digo peyorativamente, lo que quiero decir es que la derecha que hoy conocemos viene de partidos nacidos en el seno del Estado.
Por ejemplo, la UDI, cuando se fundó en 1983, nace en el seno del Estado autoritario y desde ahí administraron las municipalidades de la dictadura. Luego, en el retorno a la democracia se arrimaron a los escaños designados en el Congreso, luego transformaron sus partidos para sobrevivir al retorno democrático y se fueron liberalizando para habilitarse para volver a gobernar y vuelven a gobernar con Piñera. Además, el neoliberalismo en Chile no se realizó a través de un Estado enano. De hecho, existe un Estado de tamaño considerable. En Chile no tenemos todo desregulado, yo diría que por obra también de derechistas tenemos un Estado regulado cuidadosamente, pero para favorecer a las grandes empresas. No es que calce esta idea de un Estado famélico.
—Entonces, ¿qué tan importante es para el progresismo se tome en serio la idea de reformar el Estado? Porque las propuestas del candidato Kast nacen de un sentir ciudadano que no ha encontrado respuestas en el Estado…
—Un compañero dijo algo muy revelador en nuestra reunión de Nueva York, que la democracia es como una casa vieja en que los nuevos electrodomésticos están haciendo cortocircuito, pero la ultraderecha te diría que lo mejor es quemar la casa o dejemos que la casa se queme. Los demócratas lo que deberían decir es que hay que tratar de remodelarla. Me parece que acá, con el tema de la eficiencia pública, es lo mismo, pero esto es un debate mundial para los demócratas. O sea, las reflexiones que ha puesto el alcalde Vodanovic en Chile se están dando en distintas partes del mundo.
Yo no diría que el estado tiene que hacer más con menos. El Estado ha hecho las cosas bien, pero tiene que hacerlas mejor porque hay algunas cosas que no se entienden y hay otras cosas que pueden hacerse mejor.


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