La modificación a la OGUC: un camino incierto y una alternativa que nadie discute

La modificación a la OGUC: un camino incierto y una alternativa que nadie discute

Columna publicada en El Mostrador (26 de junio, 2026).

Por Vicente Burgos, integrante del Observatorio de Políticas en Vivienda de Rumbo Colectivo.

El proceso de consulta pública sobre la propuesta de modificación de la Ordenanza general de urbanismo y construcciones (OGUC) para aumentar la densidad y fomentar la reconstrucción recibió casi mil observaciones ciudadanas.

El MINVU comprometió publicar las respuestas a las observaciones y ajustes a la propuesta hoy, 26 de junio. Rumbo Colectivo solicitó la base de observaciones vía transparencia. La base demuestra una participación importante en volumen, pero limitada en representatividad territorial.

El 80% de las observaciones proviene de la Región Metropolitana. Las ciudades intermedias están prácticamente ausentes. De las 14 regiones restantes, casi ninguna supera las 10 observaciones individuales. Los temas más mencionados por quienes participaron, además de la densidad, son preocupación por la planificación local e instrumentos de planificación territorial (49%) y los conjuntos armónicos (41%). Muchos vecinos expresan preocupación respecto a los efectos de esta modificación en sus vivienda y barrios.

Las municipalidades decididamente se oponen a la modificación. Mientras en Puerto Varas advierten sobre las dificultades de planificar por decreto, pasando por sobre acuerdos locales, en La Cisterna señalan que el cambio de guarismo desnaturaliza la densidad como herramienta de planificación.

Estas opiniones son consistentes con la declaración del directorio de la Asociación Chilena de Municipalidades, que manifestó su oposición unánime a la modificación, señalando que “debilita la autonomía municipal y afecta el rol de planificación territorial que corresponde legítimamente a los municipios”. Alcaldes de todos los sectores políticos solicitaron expresamente no avanzar en la modificación.

A su vez, el Colegio de Arquitectos advirtió que las modificaciones erosionan el acervo normativo construido en décadas. La Cámara Chilena de la Construcción y la Asociación de Oficinas de Arquitectos solicita profundizar la medida, y presentaron un texto alternativo de modificación de la OGUC que abarca simplificación de permisos hasta liberación de suelo, solucionando problemas técnicos de la propuesta original del Ministerio de Hacienda.

Con todo, el capítulo de hoy no será el capítulo final. La propuesta debe aún recibir la firma del Presidente- custodiada por la SEGPRES- y someterse al trámite de toma de razón de la Contraloría General de la República.

Ambos actores pueden introducir modificaciones, observar el texto, incluso representarlo si es que no cumple con estándares legales, como algunos ya han hecho ver.

A su vez, los ajustes que se introduzcan en el trayecto entre la consulta pública y el Diario Oficial pueden alterar las condiciones de edificación en miles de predios, afectar la viabilidad de proyectos de vivienda social en curso y modificar las reglas del juego para comunas que planificaron su desarrollo bajo supuestos que esta modificación pretende cambiar, sin tener una gota de participación.

Por último, hay una pregunta de fondo: ¿es la OGUC el instrumento correcto para resolver el problema de densidad? La Ley 21.807, promulgada en febrero de este año, incorporó a la Ley General de Urbanismo y Construcciones una herramienta novedosa: la de establecer densidades mínimas a nivel regional en zonas bien localizadas, dotadas de infraestructura, movilidad y servicios. El legislador ya entregó un instrumento para densificar donde corresponde, sin necesidad de modificar la norma que rige para todo el territorio nacional.

La diferencia es central: modificar la OGUC por decreto es una decisión centralizada que altera las reglas para todas las comunas por igual, sin distinguir entre una zona consolidada del centro de Santiago y un loteo periférico en una ciudad intermedia; mientras que utilizar la herramienta de la Ley 21.807, permite intervenir con precisión territorial, en diálogo con los municipios y los instrumentos de planificación vigentes.

¿No sería más razonable, pues, hacer caso a los alcaldes? Suspender el proceso de modificación, abrir un proceso de diagnóstico territorial serio que identifique dónde la densidad es insuficiente y dónde es excesiva. Con ello, activar los instrumentos que la ley ya contempla para establecer densidades mínimas donde la ciudad lo necesita. Apostar por los acuerdos y desechar polémicas modificaciones que continuarán generando movilización e incertidumbre.

Y aprobada la ley de ‘Escuelas Protegidas’, ¿qué hacemos con la convivencia educativa?

Y aprobada la ley de ‘Escuelas Protegidas’, ¿qué hacemos con la convivencia educativa?

Columna publicada en El País (16 de junio, 2026).

Por Jaime Portales, integrante del Observatorio de Políticas en Educación de Rumbo Colectivo, y por Tatiana Urrutia, diputada por el Frente Amplio.

La recién aprobada ley de “Escuelas Protegidas”, impulsada por el actual gobierno, responde a una preocupación legítima: enfrentar la violencia que afecta a estudiantes, docentes y comunidades educativas. En particular, la nueva ley permite y regula nuevas herramientas de inspección de las y los estudiantes tales como la revisión de mochilas y bolsos, y la incorporación de restricciones sobre vestimenta o accesorios que impiden identificación facial, lo que mal implementado puede llevar a discriminaciones arbitrarias de estudiantes, a la exacerbación de los conflictos, e incluso al abandono y la exclusión escolar.

Asimismo, la nueva ley define inhabilidades para personas mayores de 14 años condenadas por delitos graves cometidos en contextos educativos. Una de estas es la suspensión de la gratuidad en educación superior por un periodo 5 años, que corresponde a una medida que contradice la evidencia que identifica a la educación como uno de los principales factores de integración social y de reducción de la reincidencia.

Pero, más allá de lo anterior, ¿ayudan estas medidas a resolver el problema de la convivencia en nuestras escuelas, aparte de su aplicación en situaciones extremas? ¿La nueva ley nos entrega herramientas y modelos para aprender a convivir?

Si el propósito es aprender a vivir juntos, la evidencia nacional e internacional disponible apunta hacia una dirección muy diferente. Organismos como UNESCO, UNICEF y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) han destacado que las estrategias más efectivas para reducir la violencia escolar son aquellas que fortalecen el clima escolar, la participación estudiantil, las capacidades docentes y el apoyo psicosocial. Por el contrario, las medidas centradas principalmente en inspecciones, vigilancia o respuestas punitivas muestran resultados mucho más limitados, e incluso perjudiciales, cuando no forman parte de un abordaje más integral: uno que promueve el desarrollo de habilidades socioemocionales, la formación ciudadana, la resolución pacífica y dialogada de conflictos, y que reconoce a niños, niñas y adolescentes como sujetos de derecho.

Chile necesita una política de convivencia educativa que no oponga seguridad y derechos, sino que los una en una misma estrategia. Esa es la principal política educativa que debiera impulsar el Ministerio de Educación, con un financiamiento público estable, si realmente quiere una convivencia educativa más segura, inclusiva y sostenible en el largo plazo en las comunidades educativas del país. De hecho, ya existe una política de convivencia educativa vigente para el periodo 2024-2030 a la que, así como en el caso de seguridad, también se le podría dar continuidad.

“Eficacia” del actual sistema de detección de lavado de activos y el secreto bancario

“Eficacia” del actual sistema de detección de lavado de activos y el secreto bancario

Columna publicada en La Tercera (11 de junio, 2026).

Por Carla Sepúlveda, abogada, presidenta del directorio de Rumbo Colectivo.

En Alemania sólo un tercio de las personas están registradas como donantes de órganos, mientras que en su vecino país, Austria, lo están más del 90%. Alguien podría decir que ambos países tienen sistemas “eficaces” de donación, pues las personas que han querido donar, han podido hacerlo. Pero ese argumento esconde que hay algo en el diseño del sistema que es lo que lleva a dichas diferencias en desempeño, mucho más que preferencias de los agentes (Johnson y Goldstein, 2003). En Austria se es donante por defecto, mientras que en Alemania hay que inscribirse para serlo. Pequeñas diferencias en el diseño institucional pueden producir enormes diferencias en las conductas observadas o en las tasas de participación registradas.

Ejemplos como este abundan y deben hacer reflexionar a quienes se oponen al cambio que se está discutiendo en el contexto de la ley del sistema de inteligencia respecto del secreto bancario. Hay quien dice que tenemos un sistema “eficaz”, porque la UAF ha hecho solicitudes a la Corte de Apelaciones (62 casos en total) y todas ellas han sido aprobadas dentro del breve plazo establecido por la ley.

La tasa de aprobación del 100% demuestra que las solicitudes presentadas estaban bien fundadas; no demuestra que el sistema esté generando todas las solicitudes que debiera generar. La pregunta es, empero, cuál podría ser la realidad si tuviéramos un mecanismo diferente. Al diseñar ese mecanismo, la pregunta es por prioridades: si la prioridad estará en diseñar aquel que tenga mejores credenciales para que se desarrolle una práctica de fiscalización frecuente, ágil, permanente y proactiva. Dichas credenciales las proveen hoy el procedimiento estándar en los países de la OCDE.

El cambio que permita evitar la utilización del sistema financiero para la comisión de delitos no pasa exclusivamente por la norma que permita el acceso administrativo a la información bancaria en base a operaciones ya sospechosas (como tampoco por hacer un mecanismo de donación de órganos formalmente de opt in u opt out, como el propio caso de nuestro país, con su altísima tasa de desenrolamiento muestra). El legislador al fin ha tomado nota de ello y ya ha logrado avanzar hasta el tercer trámite con un proyecto que reestructura el sistema hoy existente. El esperado Sistema de Inteligencia Económica está a punto de ver la luz. De la votación, ahora en Comisión Mixta, depende que pueda contener un instrumento que ha sido diseñado con adecuados resguardos, en línea con los estándares internacionales contemporáneos.

Los críticos de la reforma tienen razón en exigir resguardos robustos para la privacidad. Lo que aún deben explicar es por qué un sistema diseñado para introducir fricciones adicionales en el acceso a la información no termina reduciendo también la intensidad y oportunidad de la fiscalización.

Plan de retorno voluntario: dudas y certezas

Plan de retorno voluntario: dudas y certezas

Columna publicada en El País (5 de junio, 2026).

Por Luis Thayer, integrante del Observatorio de Políticas Migratorias de Rumbo Colectivo.

El plan de retorno voluntario anunciado por el Gobierno de José Antonio Kast no es una mala idea. Sin embargo, el que haya sido presentado como un “plan de salida” y no como un “plan de regularización” juega en su contra. Y es que su éxito pasa por convencer a los migrantes no solo de que podrán salir, sino sobre todo de que podrán regresar con una visa. Se entiende que es complejo para un Gobierno que llegó con la promesa de expulsar a cientos de miles de personas, convocar a un proceso de regularización que podría dejar sin efecto cientos de miles de resoluciones de expulsión dictadas.

En abril de 2021 el expresidente Sebastián Piñera convocó a un proceso de regularización, en el que las personas con ingreso irregular, podrían salir del país, solicitar una visa y volver a ingresar una vez que se les otorgara. En ese entonces fueron menos de 2.000 las personas irregulares que salieron mientras duró el proceso y 78 las que volvieron a ingresar con una visa. Más allá de este antecedente y del relato elegido por el Gobierno, el éxito de este plan depende de su capacidad de convocar a dos grupos de migrantes muy distintos, y que con seguridad van a responder de distinta manera al llamado.

Por una parte hay un grupo, principalmente bolivianos, que ingresaron con un permiso transitorio para realizar trabajo agrícola, y que permanecieron en Chile más allá de los 90 días permitidos. Actualmente, estas personas en situación irregular podrían ser sancionadas con multas o incluso con una expulsión y una prohibición de ingreso que les impediría volver por un mínimo de tres años. Para este grupo, estimado en unas 80.000 a 100.000 personas, que normalmente no figura en las cifras oficiales de irregularidad, pues entraron regularmente al país, el “plan de salida” es una oportunidad. Más aún cuando pueden solicitar la visa Mercosur que no requiere contrato de trabajo, y que debe ser tramitada en 15 días en virtud del acuerdo migratorio y de reconducción firmado con Bolivia en diciembre de 2024.

El otro grupo que podría optar a una visa con el “plan de retorno”, corresponde a los 300.000 que, según datos del Gobierno, han ingresado irregularmente a Chile. Para este grupo la situación es distinta, pues hasta ahora no hay certezas, recursos, ni incentivos suficientes para movilizarlos.

No hay certeza del plazo de otorgamiento de la visa, y no puede haberla pues el tiempo de tramitación dependerá del número de solicitudes que se realicen. Si este se amplía, los plazos de también se extenderán. Sin dotación adicional de funcionarios para el Servicio de Migraciones, difícilmente se podrá comprometer un plazo razonable de resolución. Para ello se requeriría de unos 40 funcionarios de dedicación exclusiva al plan, lo que tiene un costo anual para el Servicio de unos 600 millones de pesos (uno 670.000 dólares). Es un costo modesto, pero del que hasta ahora no se ha dicho nada.

Por otra parte, los incentivos para que las personas salgan de Chile no son suficientes. Para alguien que tiene trabajo y familia en Chile, salir es una apuesta riesgosa. Más aún cuando el regreso no está garantizado pues la visa podría no ser otorgada. Eximir a los extranjeros de una eventual expulsión es un incentivo débil, ya que la sanción para alguien con arraigo y sin antecedentes es poco probable. Una amenaza débil moviliza menos que la necesidad económica y la familia.

Finalmente, el escenario en Venezuela no ayuda, dejar trabajo, casa y familia, para volver al país que del cual se huyó por hambre o miedo, por un período indeterminado y con un resultado incierto es poco atractivo. Más aún si la documentación requerida para regresar a Chile depende de la institucionalidad de ese Estado, que no necesariamente va a ver con buenos ojos que sus ciudadanos regresen para volver a irse. El gobierno de Chile no solo le pide a los migrantes venezolanos que confíen en él, que viene amenazándolos desde antes de ser gobierno, sino también les está pidiendo que confíen en el gobierno venezolano, respecto del cual tienen más de un motivo para desconfiar.

“Perfecto: no había pizza” y la comedia amarga de la seguridad pública en Chile

“Perfecto: no había pizza” y la comedia amarga de la seguridad pública en Chile

Columna publicada en El País (28 de mayo, 2026).

Por Sebastián Depolo, sociólogo, ex embajador de Chile en Brasil y miembro fundador de Rumbo Colectivo.

La salida de la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, y de la vocera Mara Sedini —después de apenas 69 días en sus cargos— expuso más que un cambio de gabinete: dejó al descubierto la ausencia de un plan de seguridad coherente en el Gobierno de José Antonio Kast. Las explicaciones públicas de la exministra —admitiendo no haber esperado la exigencia de un “plan de seguridad estructurado, concreto” y afirmando que pensaba que en ese cargo “había que hablar mediante acciones, no con palabras”— reforzaron la sensación de improvisación.

En redes sociales, el meme del abogado de Los Simpson —“Perfecto: no había pizza”— se transformó en diagnóstico: promesas incumplidas y aparentes atajos retóricos en torno a la seguridad pública. Los memes operan como dispositivos de resignificación: toman un fragmento cultural del pasado y lo aplican para describir una emoción colectiva. Cuando este meme circula, no solo genera risa; colectiviza una experiencia de desilusión institucional y confirma que, pese a la retórica de priorizar la seguridad, la vida cotidiana de muchas personas sigue marcada por el temor. Compartir ese meme es, en ese sentido, validar la percepción de que una promesa no fue más que discurso, y que la inseguridad percibida continúa pesando en la vida cotidiana.

Esa percepción no surge de la nada. Instituciones como Fundación Paz Ciudadana han documentado consistentemente una brecha entre percepción y victimización real: la sensación de inseguridad en Chile suele exceder lo que muestran las tasas comparativas de homicidio y otros delitos. Aunque el país registra menos crimen que naciones con violencia extrema, la percepción ciudadana puede situarse a la par de vecinos con peores indicadores objetivos, el temor es real y paraliza a la ciudadanía. Frente a ello, las recomendaciones técnicas no se limitan a perseguir delitos: requieren transparencia institucional, políticas preventivas que modifique la calidad de vida en los barrios y medidas que recuperen la credibilidad pública. Se necesita seriedad para abordar el combate al crimen organizado de suyo complejo y difícil.

Los datos recientes muestran esta realidad: en 2025 hubo 1.091 víctimas de homicidio consumado en Chile (tasa de 5,4 por 100.000), una caída de 11,5% respecto a 2024 después del punto más alto en 2022. Las armas de fuego siguen siendo empleadas en casi la mitad de los casos, lo que revela que la violencia letal mantiene raíces estructurales a pesar de descensos estadísticos. Esos números, por sí solos, no disipan la sensación de inseguridad; más bien ilustran la dificultad de traducir datos técnicos en experiencias cotidianas de protección. Y muchos de los que votaron por el candidato Kast lo hicieron esperando una solución a la sensación de inseguridad.

Aquí radica el problema político del actual Gobierno chileno: afirmar que la seguridad es prioridad no equivale a producir resultados verificables. Cuando la comunicación gubernamental se centra en exhibiciones de fuerza o en discursos alarmistas sin mostrar mejoras palpables la legitimidad se erosiona. La ciudadanía espera cambios visibles en su día a día; si lo único que se observa son “operativos emblemáticos” el descrédito se profundiza y el humor viral ocupa ese vacío como crítica inmediata. La gente esperaba otra cosa del presidente Kast.

La comparación con el Gobierno del presidente Gabriel Boric en este caso ilustra que hay alternativas: él mismo declaró que si bien el tema de seguridad pública no fue su prioridad inicial, comprendió rápidamente la urgencia social y política de enfrentarlo y mandató a la ministra del Interior Carolina Tohá y al ministro de Seguridad Pública Luis Cordero a la implementación del nuevo ministerio y a formular una Política Nacional contra el Crimen Organizado y marcos de planificación orientados a la coordinación interinstitucional, control de armas y prevención en un Política Nacional de Seguridad Pública como ordena la ley. Se aumentaron los recursos a las policías incluida la marítima y se legisló en muchas materias de una agenda negociada y empujada transversalmente con la entonces oposición.

Esa política, construida con participación técnica y académica plural, aspira a articular múltiples instituciones en respuestas integrales. El nuevo ministro de Kast, Martín Arrau, al validar en su primera aparición pública esa política como instrumento estatal, reconoció tácitamente que un plan desde cero no existía y que se iban a utilizar marcos previamente diseñados y validados y en buena hora que así lo hizo. No es por ingenuidad, pero sinceramente espero que esta actitud sea síntoma de dejar de ver a la seguridad ciudadana como un botín electoral o un ámbito con el cual castigar al adversario y sea tomado con la seriedad de una Política de Estado.

El desafío para cualquier Gobierno —y en particular para uno cuya narrativa ha combinado mano dura y promesas de orden— es transformar la retórica en políticas que modifiquen la experiencia cotidiana. La oferta punitiva, sin programas de prevención, reparación y eficacia judicial demostrable, es reactiva y limitada. Incrementar recursos al aparato de seguridad sin una estrategia abierta de rendición de cuentas y de comunicación sobre resultados es contraproducente: puede aumentar la sensación de gasto ineficaz y alimentar sospechas sobre discursos vacíos que horadan la credibilidad en las políticas de Estado.

La política que busca restaurar la confianza debe centrar su acción en resultados observables: entornos percibidos como más seguros, medidas preventivas situacionales, tiempos de respuesta policial reducidos y procesos judiciales que generen sensación de justicia yreparación para las víctimas. Solo así se cambia la experiencia práctica que hoy motiva memes y sátiras. Mientras no exista esa evidencia cotidiana, la ciudadanía seguirá usando el humor viral para condensar su indignación: el meme dice con humor lo que muchos sienten en serio.

En suma, la crisis expuesta por el cambio de gabinete más fulminante de nuestra historia reciente no es solo una falla administrativa; es un síntoma de un déficit mayor: la incapacidad de convertir promesas discursivas en políticas públicas verificables que reduzcan tanto la violencia real como la percepción de amenaza. La seguridad pública no puede ser únicamente un ejercicio de exhibición o de castigo; exige prevención, coherencia institucional y, sobre todo, resultados que permitan a la gente vivir sin miedo. Mientras esos resultados no sean tangibles, la sátira seguirá registrando el fracaso de los poderes públicos en la primera de las preocupaciones ciudadanas.

Migración: cuando la consigna reemplaza a la política pública

Migración: cuando la consigna reemplaza a la política pública

Columna publicada en El Mostrador (19 de mayo, 2026).

Por Juan Pablo Gutiérrez, sociólogo, colaborador y miembro del Observatorio de Políticas Públicas en Migración de Rumbo Colectivo.

Chile ya tiene experiencia acumulada en gestión migratoria. Durante los últimos años se fortaleció la legislación, se crearon nuevas capacidades institucionales y la migración pasó a ocupar un lugar permanente en la agenda pública. Precisamente por eso, resulta difícil comprender que hoy el gobierno siga sin presentar una política migratoria clara.

Esta realidad es insoslayable para cualquier administración. Chile es un país donde existen múltiples opiniones sobre migración, pero debería existir al menos un consenso básico: no se puede gobernar esta materia sin una política pública definida.

Durante años, además, el debate migratorio se ha deteriorado progresivamente. La discusión se vació de contenido y terminó asociándose casi exclusivamente a fenómenos delictivos. Eso representa un problema para abordar un fenómeno social complejo, que requiere mayor comprensión, profundidad en el análisis y pragmatismo en la toma de decisiones.

Los gobiernos gestionan este tema en un ambiente cargado de urgencias, presión mediática y expectativas ciudadanas. En ese contexto, la planificación y la existencia de una hoja de ruta se vuelven fundamentales. Más grave aún es que, frente a la ausencia de una política clara, se relativice el contenido de las promesas presidenciales bajo el argumento de que eran “metáforas” y no compromisos literales.

El problema no es únicamente que una meta no se haya cumplido. Muchos advirtieron desde un comienzo su inviabilidad. El problema fue instalar una expectativa imposible como herramienta de movilización política, debilitando el valor de la palabra presidencial y transformando un tema extremadamente sensible en una consigna de campaña.

Cuando no existe planificación, el margen para la improvisación aumenta. Eso quedó en evidencia con el anuncio de solicitar a establecimientos de salud y educación información personal de migrantes en situación irregular. La controversia fue tal que la propia ministra de Salud tomó distancia y pidió reformular la iniciativa. Otra señal de descoordinación y reacción improvisada.

Por eso resulta preocupante que, ya instalado en el poder, el Gobierno relativice el contenido de lo prometido señalando que quienes lo entendieron literalmente “entendieron mal”. En democracia, la palabra presidencial debería tener consecuencias y ser relevante al momento de evaluar la gestión pública.

Las campañas electorales pueden contener énfasis, simplificaciones o consignas. Pero no pueden transformarse en sustitutos de una política pública, especialmente en un ámbito tan sensible como la migración.

Hoy todavía existe espacio para retomar una agenda migratoria seria. Las personas en situación irregular ya están en Chile y, a todas luces, expulsarlas a todas nunca fue una meta viable. La ciudadanía tiene derecho a saber cuál será la estrategia del Gobierno frente a esta realidad y qué instrumentos concretos piensa implementar.

Chile necesita una política migratoria seria, sostenible y comunicada con honestidad. Que reconozca lo avanzado y lo profundice. Que se preocupe de entregar resultados de Estado y que ponga la mirada en un futuro de cohesión social, seguridad y eficiencia.