Rumbo Colectivo lanza documento de seminario en que progresismo sentó las bases de su estrategia compartida

Rumbo Colectivo lanza documento de seminario en que progresismo sentó las bases de su estrategia compartida

“Los nuevos desafíos del progresismo” se tituló el seminario que en marzo pasado reunió a representantes de toda la centro-izquierda chilena, desde la Democracia Cristiana al Partido Comunista, meses antes de que definieran candidaturas y la voluntad de ir a elecciones primarias. La instancia es un antecedente relevante para entender los 1,5 millones de votos que congregó el progresismo el 29 de junio.

La publicación de Rumbo Colectivo sienta sus bases en el 12 de marzo pasado, ocasión en que los centros de pensamiento progresistas Friedrich Ebert Stiftung, Rumbo Colectivo, Horizonte Ciudadano, Instituto Igualdad, CDC, Nodo XXI, ICAL, Chile 21 y La Casa Común convocaron al seminario “Los nuevos desafíos del progresismo”, con el objetivo de reflexionar colectivamente sobre el momento político actual y proyectar una agenda común.

La instancia se propuso intercambiar miradas sobre los factores que explican el doble rechazo constitucional y los pendientes del ciclo iniciado en el estallido social, visibilizar experiencias de gestión pública progresista a nivel nacional como local, y contribuir a la unidad de propósito del progresismo, en un momento clave previo al inicio formal del año electoral.

El seminario tuvo la participación de figuras como Alejandra Krauss, Domingo Lovera, Pierina Ferretti, Karina Delfino, Claudio Castro, Giorgio Jackson, Bárbara Figueroa, Ricardo Solari y la entonces ministra del Trabajo, Jeannette Jara, hoy candidata única del progresismo.

“El reencuentro del progresismo con los sectores populares, tanto en la dimensión local de la política, como en las grandes reformas, vuelve a latir en las intervenciones de este seminario. En cierto sentido, las voces que siguen a continuación aparecen menos como una colección de hipótesis de partidos diferentes y más como una reflexión conjunta, en que las fronteras de los partidos se difuminan, tanto en sus aciertos como en sus faltas”, indicó Tomás Leighton, director ejecutivo de Rumbo Colectivo.

Las ponencias de los invitados al seminario fueron grabadas y transcritas y recopiladas en esta publicación conjunta de Rumbo Colectivo y FES Chile.

El valor de un nuevo sistema de financiamiento en la educación superior

El valor de un nuevo sistema de financiamiento en la educación superior

Columna publicada en La Tercera (12 de octubre 2024).

Por Gonzalo Muñoz Stuardo, académico Facultad de Educación UDP y consejero de Rumbo Colectivo.

El gobierno ha presentado un proyecto de ley que propone una solución para abordar la situación de más de 1,5 millones de personas que registran deudas fruto de su paso por la educación superior. La alternativa propuesta es sensata y justa, al establecer una respuesta diferenciada dependiendo de la situación académica y el historial de pago de las personas. La mayoría se beneficiará de una condonación parcial y tendrá la posibilidad de reprogramar el resto de su deuda. Las críticas hacia este componente del proyecto de ley han sido localizadas y se irán disipando a medida que se entienda el valor que tiene esta condonación acotada, tanto para las arcas fiscales como para las familias.

La novedad más importante de este proyecto -de cara al futuro- es la creación de un nuevo sistema que busca hacerse cargo de la ineficiencia y alto costo del CAE, modificando la forma en la que las nuevas generaciones se relacionan con el sistema educacional y priorizando ahora una perspectiva de derecho a la educación. Bajo este nuevo instrumento (FES), todas las personas que ingresen a la educación superior, independiente de su situación socioeconómica, tendrán el derecho a estudiar sin costo (excepto en el decil más rico, donde podrá establecerse un copago), retribuyendo su participación en la educación superior -en el caso de quienes no acceden a la gratuidad- una vez que accedan al mundo del trabajo, y aportando de acuerdo con sus ingresos, en una lógica de solidaridad intergeneracional.

El nuevo sistema tiene varios otros aspectos positivos, como permitir que los recursos se destinen únicamente a fines educacionales (lo que no ocurre con la banca como intermediario); avanzar en algunas regulaciones esenciales en el plano de la transparencia y probidad (pertinentes a propósito de los hechos conocidos en una universidad privada); y generar una dinámica sostenible de financiamiento en la educación superior, reflejada en el informe financiero elaborado por Hacienda. Varias de estas ideas fueron planteadas en iniciativas de gobiernos anteriores, cuestión que debería ser valorada en la tramitación legislativa.

Para que este proyecto se transforme en ley es indispensable que los distintos actores políticos e institucionales se comprometan y aporten con críticas, pero también con propuestas para mejorar un diseño que tiene el desafío de traducirse en una política de Estado. Un punto clave será encontrar la fórmula para que, manteniendo los principios fundantes del proyecto y cautelando la coherencia con otras políticas (como la gratuidad o las regulaciones sobre calidad en la educación superior), no se generen efectos negativos precisamente en la calidad de los proyectos educativos que hacen un aporte importante al país. Vías para ello son la creación de nuevos fondos de investigación, o el fortalecimiento de la institucionalidad para que la regulación de aranceles sea lo más objetiva y ajustada posible a la necesidad de las distintas instituciones y sus estudiantes.

Por supuesto, la aprobación de este proyecto también será más viable en la medida que el foco en la educación superior sea acompañado de un avance significativo en otras prioridades tanto o más urgentes para el sistema educacional, como la correcta implementación de la NEP (Nueva Educación Pública), cuyo presupuesto 2025 presentado al Congreso no permite cumplir con el compromiso, también planteado por este gobierno, de fortalecer la educación pública.