Plan de retorno voluntario: dudas y certezas

Plan de retorno voluntario: dudas y certezas

Columna publicada en El País (5 de junio, 2026).

Por Luis Thayer, integrante del Observatorio de Políticas Migratorias de Rumbo Colectivo.

El plan de retorno voluntario anunciado por el Gobierno de José Antonio Kast no es una mala idea. Sin embargo, el que haya sido presentado como un “plan de salida” y no como un “plan de regularización” juega en su contra. Y es que su éxito pasa por convencer a los migrantes no solo de que podrán salir, sino sobre todo de que podrán regresar con una visa. Se entiende que es complejo para un Gobierno que llegó con la promesa de expulsar a cientos de miles de personas, convocar a un proceso de regularización que podría dejar sin efecto cientos de miles de resoluciones de expulsión dictadas.

En abril de 2021 el expresidente Sebastián Piñera convocó a un proceso de regularización, en el que las personas con ingreso irregular, podrían salir del país, solicitar una visa y volver a ingresar una vez que se les otorgara. En ese entonces fueron menos de 2.000 las personas irregulares que salieron mientras duró el proceso y 78 las que volvieron a ingresar con una visa. Más allá de este antecedente y del relato elegido por el Gobierno, el éxito de este plan depende de su capacidad de convocar a dos grupos de migrantes muy distintos, y que con seguridad van a responder de distinta manera al llamado.

Por una parte hay un grupo, principalmente bolivianos, que ingresaron con un permiso transitorio para realizar trabajo agrícola, y que permanecieron en Chile más allá de los 90 días permitidos. Actualmente, estas personas en situación irregular podrían ser sancionadas con multas o incluso con una expulsión y una prohibición de ingreso que les impediría volver por un mínimo de tres años. Para este grupo, estimado en unas 80.000 a 100.000 personas, que normalmente no figura en las cifras oficiales de irregularidad, pues entraron regularmente al país, el “plan de salida” es una oportunidad. Más aún cuando pueden solicitar la visa Mercosur que no requiere contrato de trabajo, y que debe ser tramitada en 15 días en virtud del acuerdo migratorio y de reconducción firmado con Bolivia en diciembre de 2024.

El otro grupo que podría optar a una visa con el “plan de retorno”, corresponde a los 300.000 que, según datos del Gobierno, han ingresado irregularmente a Chile. Para este grupo la situación es distinta, pues hasta ahora no hay certezas, recursos, ni incentivos suficientes para movilizarlos.

No hay certeza del plazo de otorgamiento de la visa, y no puede haberla pues el tiempo de tramitación dependerá del número de solicitudes que se realicen. Si este se amplía, los plazos de también se extenderán. Sin dotación adicional de funcionarios para el Servicio de Migraciones, difícilmente se podrá comprometer un plazo razonable de resolución. Para ello se requeriría de unos 40 funcionarios de dedicación exclusiva al plan, lo que tiene un costo anual para el Servicio de unos 600 millones de pesos (uno 670.000 dólares). Es un costo modesto, pero del que hasta ahora no se ha dicho nada.

Por otra parte, los incentivos para que las personas salgan de Chile no son suficientes. Para alguien que tiene trabajo y familia en Chile, salir es una apuesta riesgosa. Más aún cuando el regreso no está garantizado pues la visa podría no ser otorgada. Eximir a los extranjeros de una eventual expulsión es un incentivo débil, ya que la sanción para alguien con arraigo y sin antecedentes es poco probable. Una amenaza débil moviliza menos que la necesidad económica y la familia.

Finalmente, el escenario en Venezuela no ayuda, dejar trabajo, casa y familia, para volver al país que del cual se huyó por hambre o miedo, por un período indeterminado y con un resultado incierto es poco atractivo. Más aún si la documentación requerida para regresar a Chile depende de la institucionalidad de ese Estado, que no necesariamente va a ver con buenos ojos que sus ciudadanos regresen para volver a irse. El gobierno de Chile no solo le pide a los migrantes venezolanos que confíen en él, que viene amenazándolos desde antes de ser gobierno, sino también les está pidiendo que confíen en el gobierno venezolano, respecto del cual tienen más de un motivo para desconfiar.

“Más allá de la metáfora”: concurrido lanzamiento de estudio contó con destacados analistas de la oposición

“Más allá de la metáfora”: concurrido lanzamiento de estudio contó con destacados analistas de la oposición

Un enriquecedor análisis político de los principales hallazgos del estudio de cumplimiento del actual gobierno se dio en el evento de lanzamiento, que contó con un panel integrado por el ex ministro Francisco Vidal, la directora de Nodo XXI, Camila Miranda, el presidente del Centro Democracia y Comunidad, Luis Ruz, y el sociólogo y académico Alexis Cortés.

Lleno total logró este 2 de junio el lanzamiento del estudio “Más allá de la metáfora”, elaborado por Rumbo Colectivo y la Red de Centros de Pensamiento Progresista de Chile, investigación que midió el avance de las 440 medidas comprometidas por el gobierno de José Antonio Kast en sus bases programáticas y en 18 planes complementarios.

La actividad, realizada en la Sala Bellarmino de la Universidad Alberto Hurtado, contó con la exposición del estudio por parte de su directora de investigación y encargada de Estudios de Rumbo Colectivo, Paula Castillo, quien junto a la analista Javiera Reyes presentaron las principales cifras y conclusiones del informe “Más allá de la metáfora: Estudio de Cumplimiento del Programa de Gobierno 2026”.

Posteriormente, los resultados fueron comentados por un panel integrado por el exministro Francisco Vidal; Camila Miranda, directora de Nodo XXI; Luis Ruz, presidente del Centro Democracia y Comunidad; y Alexis Cortés, académico del Departamento de Sociología de la casa de la UAH. La moderación estuvo a cargo de la periodista Fresia Soltof.

El estudio también reveló que la administración Kast ha incumplido y contravenido más de 30 compromisos programáticos, a través de decretos de rebaja presupuestaria ejecutados por el Ministerio de Hacienda y de otras definiciones del Ejecutivo. Asimismo, en cuanto a cifras totales, el informe registró que de las 440 medidas comprometidas, 351 (79,77%) corresponden a medidas ‘No iniciadas’, 76 (17,27%) a iniciativas ‘En proceso’, 12 (2,73%) a ‘Parcialmente cumplidas’, y sólo 1 (0,23%) a medidas ‘Cumplidas’.

La Red de Centros de Pensamiento Progresista de Chile está integrada por Rumbo Colectivo, Instituto Igualdad, Chile 21, Nodo XXI, ICAL, Centro Democracia y Comunidad, Horizonte Ciudadano, Fábrica Chile, OPES, Fundación por la Democracia, Fundación Socialdemócrata, Fundación Moebius y La Casa Común.

Descarga el informe aquí.

Estudio de cumplimiento “Más allá de la metáfora”: Gobierno de Kast cumplió una de 440 medidas comprometidas

Estudio de cumplimiento “Más allá de la metáfora”: Gobierno de Kast cumplió una de 440 medidas comprometidas

El estudio “Más allá de la metáfora”, elaborado por Rumbo Colectivo y la Red de Centros de Pensamiento Progresista de Chile, midió el avance de 440 medidas comprometidas por el gobierno de José Antonio Kast en sus bases programáticas y en 18 planes complementarios.

Aunque el gobierno preparó una programación para los primeros 90 días, según el estudio, más de la mitad de los planes tienen sobre un 80% de compromisos no iniciados, mientras que los planes “Implacable” y “Reinicia”, vinculados a seguridad y fiscalización, no cuentan con ningún compromiso iniciado.

“Más allá de la metáfora: Estudio de cumplimiento del programa de gobierno 2026” se titula la investigación efectuada por la Red de Centros de Pensamiento Progresista de Chile, la cual entre sus principales hallazgos, estipula que solo una medida del gobierno -de un total de 440- fue cumplida plenamente: “Sin Licencia para Estafar”, vinculada al fortalecimiento de la Contraloría General de la República a través de un decreto presupuestario que le entrega mayores recursos.

El estudio también revela que la administración Kast ha incumplido y contravenido más de 30 compromisos programáticos, a través de decretos de rebaja presupuestaria ejecutados por el Ministerio de Hacienda y de otras definiciones del Ejecutivo.

En cuanto a las contradicciones presupuestarias detectadas por el estudio, las que cifró en 26 compromisos afectados, destaca Salud Mental, donde el objetivo de fortalecimiento de esta área se contradice con la emisión del Decreto N° 333, que reduce en $18.856 millones el Programa de Atención Primaria, espacio donde se ejecuta la salud mental comunitaria. Asimismo, en Educación Parvularia, la promesa de crear una subvención escolar para jardines infantiles y aumentar sus recursos se contradijo por un recorte de $17.800 millones en el presupuesto de JUNJI.

Respecto a contradicciones políticas, con cinco compromisos afectados, se destaca la contraposición del "Plan Reinicia", sobre la existencia de licencias médicas falsas en nuevas contrataciones, y la incorporación de Francisco Chambi como asesor de la exministra Steinert, a pesar de figurar en el listado de la Contraloría de funcionarios públicos que viajaron al extranjero con licencia médica vigente. Al mismo tiempo, si bien los planes “Patines para Chile” y “Renace” enfatizan la urgencia de avanzar en Sala Cuna Universal, el ministro Quiroz anunció el requerimiento al Tribunal Constitucional para impugnar este beneficio incorporado por la Cámara de Diputados en el proyecto de megareforma tributaria.

Planes emblemáticos sin avances

El estudio identificó que el “Plan Implacable”, sobre seguridad ciudadana, registra 12 medidas sin ningún tipo de gestión inicial o expresión pública de política pública. Ello, considerando que ocho de estas medidas requieren tramitación legislativa, y a la fecha, el Ministerio de Seguridad no ha ingresado proyectos de ley sobre la materia. Asimismo, se reveló el estancamiento de medidas críticas, como el aumento de penas para miembros de organizaciones criminales y el reforzamiento de la tipificación del delito de pertenencia a una entidad criminal.

Sobre el “Plan Reinicia”, respecto a modernización y fiscalización del Estado, la investigación registró 19 medidas sin pasos iniciales de implementación pública, además de medidas críticas estancadas, como la publicación del listado de funcionarios que utilicen licencias médicas falsas y la creación de una unidad especial abocada a la restitución de fondos públicos obtenidos ilícitamente.

Continuidad agenda gobierno de Boric

Aunque el entonces candidato presidencial José Antonio Kast se refirió a su contendora Jeannette Jara como la “candidata de la continuidad”, el estudio registró 79 medidas (18% de los compromisos de campaña del presidente) correspondientes a iniciativas ejecutadas durante la gestión de Gabriel Boric. Por ejemplo, el plan “Tolerancia Cero al Comercio Ilícito”, diseñado e implementado desde el 2024.

De la misma manera, si bien el eje principal del triunfo electoral de la actual administración fue seguridad, con 121 compromisos, el reporte demuestra que los principales avances en la materia no obedecen a políticas originales del actual gobierno, sino a la ejecución de proyectos heredados de la gestión anterior. A este respecto, destacan iniciativas como la prohibición de “narco-funerales”, producto de la promulgación de ley; la inversión en control fronterizo, con la compra de tecnología avanzada, vehículos tácticos e instalación de puestos de observación, y la protección de infraestructura crítica, con origen en proyecto de ley ingresado en 2023.

Cifras totales

En cuanto a los registros globales, “Más allá de la metáfora” reveló que de las 440 medidas comprometidas por el actual gobierno, 351 (79,77%) corresponden a medidas ‘No iniciadas’, 76 (17,27%) a iniciativas ‘En proceso’, 12 (2,73%) a ‘Parcialmente cumplidas’, y sólo 1 (0,23%) a medidas ‘Cumplidas’.

Además, del total de medidas identificadas, en cuatro áreas no fue posible asociar exclusivamente ninguna medida: Costo de la vida, Ciencia y Tecnología, Minería e Internacional. Y en otros ejes temáticos solo fue posible asociar una medida, tales son Cultura, Pensiones y Medioambiente, las que no registran avance a la fecha.

Cabe señalar que en las ediciones anteriores del estudio, la base de datos que detalla el estado de cumplimiento de las medidas y sus verificadores había sido complementada con información oficial de la División de Coordinación Interministerial (DCI), dependiente del Ministerio del Interior. Sin embargo, a pesar de que la solicitud de Rumbo Colectivo fue recepcionada el 13 de mayo de 2026, no se obtuvo una respuesta satisfactoria por parte de la autoridad.

La Red de Centros de Pensamiento Progresista de Chile está integrada por Rumbo Colectivo, Instituto Igualdad, Chile 21, Nodo XXI, ICAL, Centro Democracia y Comunidad, Horizonte Ciudadano, Fábrica Chile, OPES, Fundación por la Democracia, Fundación Socialdemócrata, Fundación Moebius y La Casa Común.

Descarga el informe aquí.

“Perfecto: no había pizza” y la comedia amarga de la seguridad pública en Chile

“Perfecto: no había pizza” y la comedia amarga de la seguridad pública en Chile

Columna publicada en El País (28 de mayo, 2026).

Por Sebastián Depolo, sociólogo, ex embajador de Chile en Brasil y miembro fundador de Rumbo Colectivo.

La salida de la ministra de Seguridad, Trinidad Steinert, y de la vocera Mara Sedini —después de apenas 69 días en sus cargos— expuso más que un cambio de gabinete: dejó al descubierto la ausencia de un plan de seguridad coherente en el Gobierno de José Antonio Kast. Las explicaciones públicas de la exministra —admitiendo no haber esperado la exigencia de un “plan de seguridad estructurado, concreto” y afirmando que pensaba que en ese cargo “había que hablar mediante acciones, no con palabras”— reforzaron la sensación de improvisación.

En redes sociales, el meme del abogado de Los Simpson —“Perfecto: no había pizza”— se transformó en diagnóstico: promesas incumplidas y aparentes atajos retóricos en torno a la seguridad pública. Los memes operan como dispositivos de resignificación: toman un fragmento cultural del pasado y lo aplican para describir una emoción colectiva. Cuando este meme circula, no solo genera risa; colectiviza una experiencia de desilusión institucional y confirma que, pese a la retórica de priorizar la seguridad, la vida cotidiana de muchas personas sigue marcada por el temor. Compartir ese meme es, en ese sentido, validar la percepción de que una promesa no fue más que discurso, y que la inseguridad percibida continúa pesando en la vida cotidiana.

Esa percepción no surge de la nada. Instituciones como Fundación Paz Ciudadana han documentado consistentemente una brecha entre percepción y victimización real: la sensación de inseguridad en Chile suele exceder lo que muestran las tasas comparativas de homicidio y otros delitos. Aunque el país registra menos crimen que naciones con violencia extrema, la percepción ciudadana puede situarse a la par de vecinos con peores indicadores objetivos, el temor es real y paraliza a la ciudadanía. Frente a ello, las recomendaciones técnicas no se limitan a perseguir delitos: requieren transparencia institucional, políticas preventivas que modifique la calidad de vida en los barrios y medidas que recuperen la credibilidad pública. Se necesita seriedad para abordar el combate al crimen organizado de suyo complejo y difícil.

Los datos recientes muestran esta realidad: en 2025 hubo 1.091 víctimas de homicidio consumado en Chile (tasa de 5,4 por 100.000), una caída de 11,5% respecto a 2024 después del punto más alto en 2022. Las armas de fuego siguen siendo empleadas en casi la mitad de los casos, lo que revela que la violencia letal mantiene raíces estructurales a pesar de descensos estadísticos. Esos números, por sí solos, no disipan la sensación de inseguridad; más bien ilustran la dificultad de traducir datos técnicos en experiencias cotidianas de protección. Y muchos de los que votaron por el candidato Kast lo hicieron esperando una solución a la sensación de inseguridad.

Aquí radica el problema político del actual Gobierno chileno: afirmar que la seguridad es prioridad no equivale a producir resultados verificables. Cuando la comunicación gubernamental se centra en exhibiciones de fuerza o en discursos alarmistas sin mostrar mejoras palpables la legitimidad se erosiona. La ciudadanía espera cambios visibles en su día a día; si lo único que se observa son “operativos emblemáticos” el descrédito se profundiza y el humor viral ocupa ese vacío como crítica inmediata. La gente esperaba otra cosa del presidente Kast.

La comparación con el Gobierno del presidente Gabriel Boric en este caso ilustra que hay alternativas: él mismo declaró que si bien el tema de seguridad pública no fue su prioridad inicial, comprendió rápidamente la urgencia social y política de enfrentarlo y mandató a la ministra del Interior Carolina Tohá y al ministro de Seguridad Pública Luis Cordero a la implementación del nuevo ministerio y a formular una Política Nacional contra el Crimen Organizado y marcos de planificación orientados a la coordinación interinstitucional, control de armas y prevención en un Política Nacional de Seguridad Pública como ordena la ley. Se aumentaron los recursos a las policías incluida la marítima y se legisló en muchas materias de una agenda negociada y empujada transversalmente con la entonces oposición.

Esa política, construida con participación técnica y académica plural, aspira a articular múltiples instituciones en respuestas integrales. El nuevo ministro de Kast, Martín Arrau, al validar en su primera aparición pública esa política como instrumento estatal, reconoció tácitamente que un plan desde cero no existía y que se iban a utilizar marcos previamente diseñados y validados y en buena hora que así lo hizo. No es por ingenuidad, pero sinceramente espero que esta actitud sea síntoma de dejar de ver a la seguridad ciudadana como un botín electoral o un ámbito con el cual castigar al adversario y sea tomado con la seriedad de una Política de Estado.

El desafío para cualquier Gobierno —y en particular para uno cuya narrativa ha combinado mano dura y promesas de orden— es transformar la retórica en políticas que modifiquen la experiencia cotidiana. La oferta punitiva, sin programas de prevención, reparación y eficacia judicial demostrable, es reactiva y limitada. Incrementar recursos al aparato de seguridad sin una estrategia abierta de rendición de cuentas y de comunicación sobre resultados es contraproducente: puede aumentar la sensación de gasto ineficaz y alimentar sospechas sobre discursos vacíos que horadan la credibilidad en las políticas de Estado.

La política que busca restaurar la confianza debe centrar su acción en resultados observables: entornos percibidos como más seguros, medidas preventivas situacionales, tiempos de respuesta policial reducidos y procesos judiciales que generen sensación de justicia yreparación para las víctimas. Solo así se cambia la experiencia práctica que hoy motiva memes y sátiras. Mientras no exista esa evidencia cotidiana, la ciudadanía seguirá usando el humor viral para condensar su indignación: el meme dice con humor lo que muchos sienten en serio.

En suma, la crisis expuesta por el cambio de gabinete más fulminante de nuestra historia reciente no es solo una falla administrativa; es un síntoma de un déficit mayor: la incapacidad de convertir promesas discursivas en políticas públicas verificables que reduzcan tanto la violencia real como la percepción de amenaza. La seguridad pública no puede ser únicamente un ejercicio de exhibición o de castigo; exige prevención, coherencia institucional y, sobre todo, resultados que permitan a la gente vivir sin miedo. Mientras esos resultados no sean tangibles, la sátira seguirá registrando el fracaso de los poderes públicos en la primera de las preocupaciones ciudadanas.

Migración: cuando la consigna reemplaza a la política pública

Migración: cuando la consigna reemplaza a la política pública

Columna publicada en El Mostrador (19 de mayo, 2026).

Por Juan Pablo Gutiérrez, sociólogo, colaborador y miembro del Observatorio de Políticas Públicas en Migración de Rumbo Colectivo.

Chile ya tiene experiencia acumulada en gestión migratoria. Durante los últimos años se fortaleció la legislación, se crearon nuevas capacidades institucionales y la migración pasó a ocupar un lugar permanente en la agenda pública. Precisamente por eso, resulta difícil comprender que hoy el gobierno siga sin presentar una política migratoria clara.

Esta realidad es insoslayable para cualquier administración. Chile es un país donde existen múltiples opiniones sobre migración, pero debería existir al menos un consenso básico: no se puede gobernar esta materia sin una política pública definida.

Durante años, además, el debate migratorio se ha deteriorado progresivamente. La discusión se vació de contenido y terminó asociándose casi exclusivamente a fenómenos delictivos. Eso representa un problema para abordar un fenómeno social complejo, que requiere mayor comprensión, profundidad en el análisis y pragmatismo en la toma de decisiones.

Los gobiernos gestionan este tema en un ambiente cargado de urgencias, presión mediática y expectativas ciudadanas. En ese contexto, la planificación y la existencia de una hoja de ruta se vuelven fundamentales. Más grave aún es que, frente a la ausencia de una política clara, se relativice el contenido de las promesas presidenciales bajo el argumento de que eran “metáforas” y no compromisos literales.

El problema no es únicamente que una meta no se haya cumplido. Muchos advirtieron desde un comienzo su inviabilidad. El problema fue instalar una expectativa imposible como herramienta de movilización política, debilitando el valor de la palabra presidencial y transformando un tema extremadamente sensible en una consigna de campaña.

Cuando no existe planificación, el margen para la improvisación aumenta. Eso quedó en evidencia con el anuncio de solicitar a establecimientos de salud y educación información personal de migrantes en situación irregular. La controversia fue tal que la propia ministra de Salud tomó distancia y pidió reformular la iniciativa. Otra señal de descoordinación y reacción improvisada.

Por eso resulta preocupante que, ya instalado en el poder, el Gobierno relativice el contenido de lo prometido señalando que quienes lo entendieron literalmente “entendieron mal”. En democracia, la palabra presidencial debería tener consecuencias y ser relevante al momento de evaluar la gestión pública.

Las campañas electorales pueden contener énfasis, simplificaciones o consignas. Pero no pueden transformarse en sustitutos de una política pública, especialmente en un ámbito tan sensible como la migración.

Hoy todavía existe espacio para retomar una agenda migratoria seria. Las personas en situación irregular ya están en Chile y, a todas luces, expulsarlas a todas nunca fue una meta viable. La ciudadanía tiene derecho a saber cuál será la estrategia del Gobierno frente a esta realidad y qué instrumentos concretos piensa implementar.

Chile necesita una política migratoria seria, sostenible y comunicada con honestidad. Que reconozca lo avanzado y lo profundice. Que se preocupe de entregar resultados de Estado y que ponga la mirada en un futuro de cohesión social, seguridad y eficiencia.