Tomás Leighton en Revista Nueva Sociedad: Significados del giro a la derecha chileno

Tomás Leighton en Revista Nueva Sociedad: Significados del giro a la derecha chileno

Entrevista publicada en revista Nueva Sociedad (17 noviembre 2025).

Por Pablo Stefanoni, jefe de redacción revista Nueva Sociedad.

Los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales chilenas dejaron un sabor amargo en la izquierda (que quedó por debajo de 30%) y saldaron la puja en el interior de la derecha a favor de José Antonio Kast, del Partido Republicano, quien quedó en segundo lugar, mucho más cerca de Jeannette Jara de lo que se esperaba, con casi 24%. El «nacional libertario» Johannes Kaiser no logró dar el sorpasso pero con su 14% quedó en un lugar clave para influir en el nuevo gobierno. Evelyn Matthei, heredera del piñerismo, se derrumbó al quinto lugar, superada por el inclasificable Franco Parisi. Con más de 50% del electorado escorado a la derecha, la campaña de Jara será cuesta arriba: a la cuestión de la aritmética del voto se sumará el bajón anímico en la izquierda.

En esta entrevista, Tomás Leighton, director de la fundación Rumbo Colectivo, analiza «en caliente» los resultados y los efectos de una agenda social que desde hace tiempo se desplazó hacia la inseguridad, la inmigración y la economía.

¿Cuál es la primera lectura de los resultados? 

Diría que la derecha avanza dividida y la izquierda apenas resiste unida. José Antonio Kast pasó a segunda vuelta compitiendo contra la derecha convencional de Evelyn Matthei y contra una escisión por derecha de su partido, encabezada por Johannes Kaiser y su Partido Nacional Libertario. Sumadas, las derechas arrancan la carrera al balotaje duplicando los votos que solían acumular en primera vuelta antes del voto obligatorio -que se aplicó por primera vez en una elección presidencial y llevó la participación a más de 85%-. 

Hay que mirar con mucha atención la jugada de la extrema derecha chilena, que utilizó la fragmentación de forma productiva. Johannes Kaiser, ex-diputado del partido de Kast, logró casi 14% de las preferencias, amenazando con el cierre de la frontera con Bolivia, llamando a retirar a Chile de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y prometiendo indultos a violadores de derechos humanos. Todo esto terminó por moderar la imagen de Kast -ahora a su derecha ya no estaba la pared, como en 2021, sino Kaiser-. Pero además, la lista parlamentaria unificada entre republicanos y libertarios evitó que se quitaran votos entre sí y le arrebató la hegemonía a la derecha convencional en la Cámara de Diputados. 

Una de las razones por las que la derecha convencional quedó relegada a la quinta posición y Jara no logró un apoyo más contundente, fue el sorpresivo tercer lugar de Franco Parisi y los 14 diputados del Partido de la Gente (PDG). En su tercera postulación a la presidencia, con resultados siempre al alza, Parisi ha logrado cultivar un estilo outsider ausentándose por completo del debate público entre elección y elección, al punto de que reside en Estados Unidos. Si bien propuso minar el norte de Chile para frenar la inmigración irregular y castrar químicamente a agresores sexuales, se ha definido como «ni facho ni comunacho» y catalogó a Kaiser y Kast como «lo peor de la ultraderecha». Por lo tanto, el PDG es la cuota de incertidumbre de la segunda vuelta y del nuevo ciclo político. En la elección pasada, el partido de Parisi logró seis escaños pero en dos años esos parlamentarios ya se habían ido todos del PDG, repartiéndose entre la izquierda y la derecha. Ahora, mientras dure, en la nueva bancada deberá convivir un variopinto conjunto de parlamentarios.

Finalmente, Jara comienza el camino al balotaje con un número de votos similar al que las izquierdas suelen obtener en primera vuelta desde el retorno a la democracia, pero obligada a recuperar votos de las candidaturas de derecha si es que la participación electoral se mantiene en los mismos porcentajes. 

En este caso, la unidad de socialistas, comunistas y frenteamplistas (por el Frente Amplio, de Gabriel Boric) apenas alcanzó para impedir la mayoría absoluta de las derechas en el Congreso, alejando las posibilidades de que cambien el sistema político, el sistema electoral o la Constitución. Reflota hoy una de las frases insignes de Boric al referirse al tercio fiel que se expresa hace casi diez elecciones: «Cuando alguien dice 'soy del 38%’ me da orgullo y escozor». Si bien las obras del gobierno reconciliaron a dos generaciones en pugna -jóvenes y ex-integrantes de la Concertación- y a los tres grandes partidos del progresismo, las izquierdas tienen el margen de maniobra restringido a afirmar el estatus quo, mientras la revancha conservadora avanza en los sectores populares. 

¿Cómo define a la fracción de la derecha que finalmente se impuso?

Kast es parte de la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC) como Benjamin Netanyahu, Javier Milei, Giorgia Meloni y Donald Trump. Pero su adscripción a la «internacional reaccionaria» es un elemento secundario. Lo central en Kast es su pertenencia a la cultura política «gremialista», una corriente corporativista y religiosa que enraizó sus postulados en la Constitución de 1980 que sigue rigiendo en Chile. No es un outsider; de hecho, se fue de la Unión Demócrata Independiente (UDI), el partido heredado de Jaime Guzmán, artífice intelectual de dicha Carta Magna, reclamando para sí la autenticidad de esa tradición política. Kast armó su propio movimiento, el Partido Republicano, con el objetivo de salvar a la derecha chilena de las concesiones que Sebastián Piñera le había hecho a la izquierda. En 2021, calificó al segundo gobierno de Piñera como el peor de la historia después del del socialista Salvador Allende. 

A diferencia de la novedosa irrupción de los libertarios en Argentina, Kast pareciera estar más bien recuperando la hegemonía de la vieja derecha conservadora pospinochetista en Chile. En un país en el que el Estado subsidiario de los Chicago Boys está plasmado en la Constitución, el discurso minarquista sobre el Estado pequeño tiene mucho menos sentido que en el país vecino. Pero, por el contrario, a muchos en la derecha les atrae un discurso que propone restaurar el proyecto conservador anterior a Piñera. 

Kast se impone en la primaria de la derecha, en una elección en la que Evelyn Matthei quedó quinta, capturando la nueva versión del malestar chileno, que antes interpretó desde la izquierda Gabriel Boric. Nuevamente hay promesas de cambios radicales, pero esta vez contra la delincuencia y la inmigración. El clima de pesimismo y el voto castigo le han permitido a la derecha abandonar su versión moderada y verbalizar una revancha conservadora indistinta contra los «octubristas», en referencia a quienes participaron del estallido de octubre de 2019, los inmigrantes indocumentados, los delincuentes y los «parásitos del Estado». 

Al comienzo de la campaña, Evelyn Matthei parecía caminar directo hacia la Moneda, pero luego «pasaron cosas». ¿Qué explica su caída?

Es cierto, la muerte de Sebastián Piñera, en un trágico accidente de helicóptero en febrero de 2024, pareció el momentum de la derecha convencional, pero las contradicciones de Matthei le impidieron aprovechar la oportunidad. En 1992, Matthei filtró un audio contra su entonces rival interno en la derecha, Sebastián Piñera, que terminaría siendo un hecho premonitorio. En la grabación oculta, Piñera pautaba las preguntas del debate de la primaria sugiriendo que le preguntaran a Matthei por la ley de divorcio, para exponer su conservadurismo y los cambios de opinión que también habían caracterizado a su padre como miembro de la Junta de Augusto Pinochet. 

En adelante, a Matthei siempre le pesó mucho su rol en la impunidad de Pinochet en 1998 y sus excusas para no pedir perdón por el golpe de Estado, apoyado por los dos partidos a los que perteneció: Renovación Nacional (RN) y la UDI. Finalmente, cuando por fin parecía haber aprendido las lecciones de moderación programática impartidas por Piñera, le surgieron dos candidatos a su derecha y nuevamente quedó en offside. Entonces, en esta campaña, un día cuestionaba el populismo securitario, pero otro proponía reponer la pena de muerte. Recibió el apoyo de ex-integrantes de la Concertación, pero se lo quitaron cuando cuestionó el plan de búsqueda de los detenidos desaparecidos. Y, lo peor: nunca se decidió realmente a avalar la reforma previsional que Boric pactó con los partidos que la apoyaban. 

Al final, el propio spot publicitario de Matthei describe, sin proponérselo, una carrera llena de ambivalencias: «Evelyn toca el piano. Matthei tiene mano de hierro contra la delincuencia (...), Evelyn disfruta podar el jardín, Matthei tiene mano dura contra la corrupción (...)». Las Matthei no terminaron de articularse en una sola candidata. Que haya repetido el fracaso de su coalición en la presidencial de 2021 muestra, además la incapacidad de la derecha convencional para navegar entre la liberalización cultural del país y la radicalización de su electorado. Lo interesante es que la contradicción de Matthei nos adentra en la crisis discursiva de las derechas convencionales alrededor del mundo.

Hoy la izquierda mira con mucho entusiasmo a Zohran Mamdani en Nueva York, pero Chile ya tuvo su Mamdani que es, o fue, Gabriel Boric. El presidente, de 39 años, se va con alrededor de 30% de popularidad, que no es poco en Chile para un presidente saliente pero la sensación en la izquierda es de frustración. ¿Cuál es, brevemente, el balance de su gestión, que tuvo el impulso inicial del «estallido» y la Convención Constitucional y luego la carga de la derrota del proyecto de Constitución?

El Frente Amplio y el Partido Comunista llegaron al poder con la promesa de superar el neoliberalismo y saldar las deudas de la transición democrática, pero su gobierno tuvo que ocuparse de los efectos inmediatos de la pandemia en seguridad y economía. Mientras la izquierda estaba en las nubes pensando en la gran transformación constitucional, los sectores populares empezaban a resentir la llegada del crimen organizado transnacional y la recepción del gran flujo migratorio venezolano. Sin embargo, cuando triunfa el rechazo al nuevo texto constitucional –la peor derrota electoral de la izquierda en su historia–, Boric mostró capacidad de adaptación y al final de su gobierno puede decir que quebró la curva ascendente de homicidios, disminuyó la inmigración irregular y redujo la inflación a la mitad. En otras palabras, el rechazo a la Constitución fue la primera gran frustración de la nueva generación de izquierda, pero hay un valor en que Boric haya llamado a «escuchar la voz del pueblo» esa misma noche. 

Ahora bien, una de las cosas sobre las que hay que reflexionar es sobre la incapacidad de las nuevas izquierdas para transitar el camino entre las campañas electorales y el ejercicio de la administración del Estado. En el caso de Chile, pienso que el aumento sostenido del salario mínimo, la reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales y la reforma de pensiones serán cambios valorados con el tiempo, pero si persiste una sensación de frustración es por las ilusiones desmedidas de la campaña e, incluso, una vez constatada la minoría parlamentaria. La disonancia cognitiva en este caso fue mucho más aguda por la introducción del voto obligatorio, que sumó tres millones de personas que no votaban. Pero de todas formas, el caso chileno sirve para pensar sobre dos problemas paralelos a la hora de dirigir el Estado: la futilidad de la «estrategia populista» cuando se trata de construir orden, y las «ideologías de vuelta atrás» –como las llama Adam Przeworski–, de «restaurar» la democracia en lugar de transformar las condiciones que generaron la situación de crisis, que solo reproducen las condiciones para el triunfo de las extremas derechas.

Muchos dicen que Jeannette Jara carga en mayor medida con el hecho de representar la continuidad que de pertenecer al Partido Comunista (PC). ¿Cuáles fueron, y son aún, sus fortalezas y debilidades para enfrentar la segunda vuelta? ¿Cómo queda la (centro)izquierda chilena tras este resultado?

La ex-ministra de Trabajo tuvo su momento político más alto la noche en que se aprobó la reforma previsional impulsada por el gobierno. Y que el ex-candidato presidencial del PC Daniel Jadue, de su propio partido, haya fustigado públicamente la reforma es un síntoma de que el liderazgo de Jara no se puede reducir al PC. De hecho, si la derecha pulsa la tecla anticomunista va a beneficiar a Jara. La mentalidad de la Guerra Fría tiende a concebir a los izquierdistas como portavoces del enorme movimiento proletario que desató grandes reacciones, pero hoy la izquierda se encuentra en uno de sus momentos de mayor debilidad, entonces ese discurso no calza con la realidad. En una de sus campañas, la ministra comunista Camila Vallejo decía con ironía: «Llegó el demonio marxista, llamen al exorcista». Creo que ese demonio asusta menos que en el pasado. 

Una de las fortalezas de Jara es que ha sabido interpretar al mundo popular. La población la identifica como alguien que puede mejorar la salud y la educación de la población porque está más cerca de los problemas cotidianos de la gente. En la contienda con José Antonio Kast, se trata de un atributo muy valioso, especialmente si se considera que Parisi había enarbolado un fuerte discurso meritocrático en primera vuelta y se refirió al resto de los candidatos como «cuicos de izquierda y derecha», es decir, personas de clase alta en la jerga chilena.

Por otro lado, el riesgo es que su campaña ponga demasiado el acento en sus orígenes populares. Uno de los humoristas más célebres del país describe muy bien cómo la exacerbación del relato sobre el origen puede ser leída en tono de burla. Al imitar a la candidata le hace decir: «Yo vengo de abajo, en una pieza vivíamos veinte personas y soñábamos todos lo mismo». Al mismo tiempo, hablar de derechos laborales cuando las prioridades están en seguridad es como intentar cambiar el sentido del viento. Hábilmente, Kast ha insistido en que Jara quiere «tratar a los delincuentes con amor». 

De todas formas, creo que la centroizquierda chilena debe comprender que el balotaje no se juega solo en el desempeño de Jara, sino en la movilización del rechazo a la extrema derecha. Una de las últimas investigaciones del politólogo Cristóbal Rovira entrega pistas sobre las resistencias que Kast despierta en parte del electorado. 

Entre los grupos reacios a apoyar a la extrema derecha en Chile persiste una demanda de seguridad estatal que evite el giro hacia la justicia por cuenta propia. Tal vez como herencia de Diego Portales, una de las figuras de la organización y consolidación del Estado chileno en el siglo XIX, hay un íntimo deseo de que el poder de fuego esté controlado por el Estado a través de una policía, ahora con estándares elevados, que evite situaciones caóticas. 

En 2023, cuando Kast le propuso al país eliminar los impuestos territoriales en el texto constitucional, la izquierda logró explicar de forma eficiente las repercusiones que ello tendría en los barrios más carenciados. Al igual que la etiqueta «comunismo», las etiquetas «democracia», «Estado» y «derechos» no le dicen nada al mundo popular si no están anclados en experiencias concretas. 

Todo indicaría que la derecha ganará la segunda vuelta, si sumamos a las tres fracciones de este espacio. ¿Qué tipo de reconfiguraciones pueden esperarse en este espacio y qué tipo de gobierno encabezaría Kast?

Que la derecha sea la favorita se vincula a la incapacidad de todos los partidos para lograr la elección de gobiernos de su mismo signo desde enero de 2006. Han pasado casi veinte años desde que Michelle Bachelet le dio continuidad en las urnas a la Concertación. Luego se impuso la alternancia elección tras elección. Pero además, después de los fracasos constitucionales, los chilenos siguen queriendo cambios fuertes, solo que ahora estos refieren a seguridad y control migratorio, en un cuadro de descontento con las elites políticas.

Si bien Parisi y el PDG tienen la llave para una hipotética mayoría de derecha en el Congreso, me parece que la clave está en el futuro rol del Partido Nacional Libertario de Kaiser. Si la división política suele ser vista como un dolor de cabeza para las izquierdas en el mundo, la derecha chilena dio una lección de cómo usar la fragmentación de candidaturas presidenciales para controlar la conversación pública, sin desperdiciar votos.

En 2024, Kaiser dejó la bancada parlamentaria de Kast para fundar su propio partido y robarle el nicho de votantes antiprogresistas que se le fugaría por su intento de acercarse al votante medio. Ahora, Kaiser intentará devolverle la base electoral a Kast en el balotaje, pero al precio de marcar la pauta de un hipotético gobierno de derecha y proyectarse como relevo electoral. El punto es que lo que en campaña fue un círculo virtuoso, podría ser el talón de Aquiles de un hipotético gobierno en común. Mientras Matthei y la centroderecha de ChileVamos bailarán fácilmente al ritmo de Kast gracias al sedimento que quedó de Jaime Guzmán entre ambos, el rage-baiting de Kaiser podría ser contraproducente para Kast, ya que parece servir más para provocar que para gobernar.

Tomás Leighton en The Clinic: “Kast está importando distopías que no calzan en Chile”

Tomás Leighton en The Clinic: “Kast está importando distopías que no calzan en Chile”

Entrevista publicada en The Clinic (2 octubre 2025).

Por Rodrigo Córdova.

El Presidente Gabriel Boric viajó la semana pasada a Nueva York, Estados Unidos, para participar en el 80° debate de la Asamblea General de las Naciones Unidas. El mandatario lo hizo acompañado de ministros, una delegación parlamentaria y de la expresidenta Michelle Bachelet, a quien nominó como candidata a la secretaría general del organismo.

En paralelo, también viajó Tomás Leighton, el sociólogo director ejecutivo de Rumbo Colectivo —centro de pensamiento vinculado al Frente Amplio—, quien participó en encuentros con otros think tanks progresistas internacionales con los que ya había trazado una hoja de ruta en julio pasado en Chile, en el marco del encuentro de líderes progresistas “Democracia Siempre”. Esa cita reunió al propio Boric junto a Luiz Inácio Lula da Silva, Pedro Sánchez, Gustavo Petro y Yamandú Orsi.

En Nueva York, Leighton estuvo presente en el Segundo Encuentro Internacional de la Sociedad Civil, instancia en la que también figuró el exministro Giorgio Jackson, y donde se dio origen a la Red Internacional de Pensamiento Democrático: una plataforma global de centros de estudio y organizaciones de la sociedad civil “comprometidas con la defensa de la democracia, los derechos humanos, la justicia social y el fortalecimiento del multilateralismo”, según informó Rumbo Colectivo en sus redes sociales.

Aunque el encuentro se desarrolló de manera independiente a la reunión de los líderes progresistas iberoamericanos, no estuvo del todo ajeno al mandatario. De hecho, durante la cita “En defensa de la democracia, combatiendo el extremismo”, Boric agradeció públicamente a Leighton, que se encontraba entre los asistentes, por impulsar la iniciativa que permitió articular la nueva red internacional de centros de pensamiento.

Leighton ya retornó a Chile, pero no por eso ha dejado de darle vueltas al hito que se concretó en Nueva York. Desde acá, analiza las proyecciones que abre la creación de esta red de think tanks progresistas y las señales que dejó para el país su desempeño en el 80° aniversario de Naciones Unidas.

—¿Cómo recibió la noticia de la candidatura de Michelle Bachelet como Secretario General de la ONU? 

—La postulación de Michelle Bachelet es el resultado del progreso de Chile desde el fin de la dictadura. Creo que Bachelet en la ONU podría terminar con un largo periodo de infamia internacional a la que nos condenó Pinochet. Todas las vergüenzas que nos hizo pasar esa vieja derecha a nivel mundial. Pero también, más allá de la derecha, Bachelet en la ONU podría cambiar la imagen que proyectamos al mundo durante los primeros años de la transición democrática, que ha ido variando. Ese cambio, para mí, tiene el rostro de Michelle Bachelet.

—Parlamentarios de oposición apoyaron la nominación de la candidatura, pero los abanderados presidenciales de derecha optaron por poner en duda su apoyo. ¿Cómo se interpreta ese mensaje? 

—La derecha local ha titubeado en su reacción porque saben que la gente siente que la candidatura de Bachelet es como una proeza nacional. En el caso de Kast, uno de los problemas de la ultraderecha es que no se puede ser nacionalista y al mismo tiempo agachar la cabeza ante las potencias mundiales. Si es que las personas perciben esta candidatura como una proeza nacional, de dignidad nacional, es compleja la reacción que pueda tener el candidato Kast. Me parece que es una posición incómoda para él. 

Por otro lado, hay otra derecha, que está bien encarnada por el presidente del Senado Manuel José Ossandón, que se da cuenta que la nueva imagen de Chile en el mundo está vinculada a su primera mujer presidenta en 2006 que tuvo un rol como directora de ONU Mujeres, como alta comisionada en la ONU, y que considera el hecho de que Chile tenga disponible una persona especializada al punto de que podría ocupar el cargo más difícil de ejercer en el mundo.

—Otro hito de la visita a la Asamblea General de las Naciones Unidas fue la creación de la Red Internacional de Pensamiento Democrático, de la cual usted fue parte. ¿De qué trata? 

—Para entender el contexto, la conformación de nuestra red responde a la crisis de la democracia en el mundo. El último informe de IDEA Internacional muestra que la mitad de los países del mundo retrocedieron en su desempeño democrático en los últimos cinco años, especialmente en temas de la independencia del poder judicial en un Estado de Derecho. Y el caso insigne de esas tendencias iliberales, como se les ha llamado, es el Estados Unidos de Donald Trump, que ha descendido en el índice de democracia liberal al puesto 24, que está muy lejos, por ejemplo, del puntaje de nuestro país, que es el 15. 

La cuestión que es preocupante, y lo que motiva hacer una red como la que estamos conformando, es que la ultraderecha, lejos de preocuparse de estos resultados problemáticos de la democracia, se siente orgullosa de eso porque lo han buscado durante muchos años a través de la Conservative Political Action Conference, el CPAC, que es una internacional que hace eventos todos los años. 

—¿La Red Internacional de Pensamiento Democrático se podría decir que es un equivalente a un CPAC de izquierda?

—Yo diría que si la CPAC no estuviese teniendo el éxito que tiene al socavar la democracia, no sería necesario crear una red de defensa de la democracia. Estamos hablando de los grandes peligros que enfrenta nuestra democracia por efecto de los discursos de la ultraderecha. Si el caso insigne del deterioro democrático de Estados Unidos, es porque el vicepresidente de dicho país, JD Vance tiene escritores de cabecera, como por ejemplo el bloguero Curtis Yarvin, que es un es un intelectual abiertamente monarquista, es decir, que cree que el régimen democrático como un estorbo del progreso. El problema de esta CPAC es que no son solo discursos, también son cosas concretas. 

Trump, por ejemplo, se sirvió de una plataforma de think tanks para planificar las redadas que hace contra los migrantes en su país y para planificar el departamento contra la inversión pública. Hay un libro muy importante de Kevin Anderson de la Heritage Foundation, que es otra de estas fundaciones del ámbito conservador, en el que pueden rastrearse muchas de estas tácticas que las prepararon con antelación para minar la administración del Estado.

Entonces, contra todo eso es necesario también promover la democracia en un contexto muy difícil. Ahora, no quiero decir que todo esto es catastrófico, porque en realidad tengo mucho optimismo sobre cómo la democracia puede ser resiliente, y de eso también se trata la red.

—Y, en ese contexto, cómo piensa actuar esta red en términos concretos. ¿Son estudio, charlas? ¿Impondrá una metodología de elaboración de políticas públicas? 

—No solamente vamos a producir investigaciones rigurosas, que es algo que la academia y las universidades públicas hacen muy bien alrededor del mundo, sino que la idea es darle visibilidad a las cosas que el Estado hace bien en distintas partes del mundo.

Vamos a demostrar que la democracia puede dar resultados, pero que si esos resultados no se difunden, la democracia muere. Entonces, en lo concreto, sí, vamos a seguir organizando festivales que básicamente existen porque los líderes tienen la convicción de que las instituciones democráticas no se cuidan solas, que se requiere el involucramiento de la sociedad civil, pero también vamos a tensionar a algunos académicos a salirse un poco del circuito exigido por la academia. Porque la democracia lo que realmente exige es que todos los demócratas nos comprometamos en visibilizar cuando el Estado lo hace bien para poder salvarla de las ideas catastrofistas y distópicas con que la ultraderecha difunde el miedo.

—A propósito del impulso de los líderes, el Presidente de España, Pedro Sánchez, durante el homenaje a José Pepe Mujica, habló de ir en busca de una utopía. ¿La Red se sitúa en esa persecución o es una mera defensa de la democracia? 

—Eso es interesante, porque yo diría que el CPAC es una máquina de generación de distopía, de importación y exportación de distopía. La red que estamos formando, más que una suerte de laboratorio de ideas, es una plataforma en donde los demócratas, que no necesitan inventar nuevas ideas, pueden buscar nuevas formas de visualizarlas antes de que mueran en el olvido. Como dice nuestra declaración pública, nosotros tenemos la convicción de que el mundo ya está poblado de iniciativas democráticas que en el día a día, en la cotidianeidad, ayudan y sostienen la vida de mucha gente. 

Cuando los programas sociales también tienen una manera de publicitarse bien y de, por así decirlo, que no solamente se obtenga un beneficio, sino que también se pueda creer que en ese beneficio, hay una manera de vivir juntos, la democracia se fortalece, se vuelve más vigorosa.

—En Chile el candidato presidencial José Antonio Kast, que ostenta el segundo lugar en las encuestas, suele participar en los encuentros de la CPAC. ¿Le preocupa?  

—A ver, Kast lleva años haciendo política internacional. De hecho, en el último encuentro en Hungría compartió con dos ministros del genocida Benjamín Netanyahu, con Chikli y Gamliel, que son ambos del partido de ultraderecha israelí, llamado Likud. Estos viajes que hace Kast pretenden un modelo de importación de ideas extranjeras para Chile, pero como decía antes, si bien estas ideas de ultraderecha llaman la atención porque son excéntricas, en realidad no funcionan y menos van a funcionar en Chile. 

El problema es que Kast está importando distopías que no calzan en Chile. Por un lado, esta semana lo hemos visto en la polémica por lo del gasto público. Él importa la idea de cercenar la inversión pública con un recorte de 6.000 millones de dólares. Por otro lado, ha anunciado que va a construir más cárcel y que va a sumar personal de seguridad, lo que requeriría un ritmo de gasto más acelerado que el del Gobierno de Boric. Estamos hablando de que este Gobierno aumentó el presupuesto en un 16,7% respecto de Piñera en seguridad. O sea, tendría que gastar más aún. El problema es que no ha explicado de qué programa social va a eliminar para aumentar en seguridad.

—¿Cómo calificaría eso entonces? 

—En la teoría política, cuando se restringen las funciones del Estado a funciones policiales, eso se llama minarquismo. Los Chicago Boys son como niños de pecho al lado de los minarquistas. El minarquismo imagina al Estado como un mero vigilante nocturno, como un guardia de noche, digamos. Esa utopía es absolutamente inviable en Chile por que no tiene nada que ver con el país. 

A diferencia de Milei y de Trump, que tienen esta idea de los topos que pasan una temporada en el Estado para destruirlo por dentro, la derecha chilena lleva toda su vida viviendo en el Estado y no lo digo peyorativamente, lo que quiero decir es que la derecha que hoy conocemos viene de partidos nacidos en el seno del Estado.

Por ejemplo, la UDI, cuando se fundó en 1983, nace en el seno del Estado autoritario y desde ahí administraron las municipalidades de la dictadura. Luego, en el retorno a la democracia se arrimaron a los escaños designados en el Congreso, luego transformaron sus partidos para sobrevivir al retorno democrático y se fueron liberalizando para habilitarse para volver a gobernar y vuelven a gobernar con Piñera. Además, el neoliberalismo en Chile no se realizó a través de un Estado enano. De hecho, existe un Estado de tamaño considerable. En Chile no tenemos todo desregulado, yo diría que por obra también de derechistas tenemos un Estado regulado cuidadosamente, pero para favorecer a las grandes empresas. No es que calce esta idea de un Estado famélico.

—Entonces, ¿qué tan importante es para el progresismo se tome en serio la idea de reformar el Estado? Porque las propuestas del candidato Kast nacen de un sentir ciudadano que no ha encontrado respuestas en el Estado…

—Un compañero dijo algo muy revelador en nuestra reunión de Nueva York, que la democracia es como una casa vieja en que los nuevos electrodomésticos están haciendo cortocircuito, pero la ultraderecha te diría que lo mejor es quemar la casa o dejemos que la casa se queme. Los demócratas lo que deberían decir es que hay que tratar de remodelarla. Me parece que acá, con el tema de la eficiencia pública, es lo mismo, pero esto es un debate mundial para los demócratas. O sea, las reflexiones que ha puesto el alcalde Vodanovic en Chile se están dando en distintas partes del mundo.

Yo no diría que el estado tiene que hacer más con menos. El Estado ha hecho las cosas bien, pero tiene que hacerlas mejor porque hay algunas cosas que no se entienden y hay otras cosas que pueden hacerse mejor.

Red Futuro: Rumbo Colectivo lideró delegación chilena en foro municipalista en Sao Paulo

Red Futuro: Rumbo Colectivo lideró delegación chilena en foro municipalista en Sao Paulo

Este 28 y 29 de junio, un grupo de liderazgos vinculados al Frente Amplio participó en Sao Paulo, Brasil, en el encuentro internacional "Ciudades del Futuro", organizado por la Red Futuro, en vísperas de las elecciones municipales de la ciudad más grande de América Latina. 

La delegación chilena estuvo compuesta por la alcaldesa de San Miguel, Érika Martinez, el senador Juan Ignacio Latorre, la concejala de Las Condes, Isidora Alcalde y el director ejecutivo de Rumbo Colectivo, Tomás Leighton.

“El objetivo del viaje es compartir lo que estamos haciendo en Chile, pero sobre todo buscar buenas prácticas de gestión municipal en otras partes de Sudamérica. Vemos el encuentro Ciudades del Futuro como una oportunidad para complementar el trabajo de contenidos que estamos haciendo en los Laboratorios Programáticos Municipales junto a otros centros de pensamiento de la centroizquierda chilena”, apuntó Tomas Leighton.

En tanto, el senador Juan Ignacio Latorre destacó el poder presentar en el encuentro el Royalty a la gran minería privada de cobre en Chile, donde "el Estado va a recaudar recursos significativos que en parte serán con redistribución territorial en municipios y regiones de Chile, de tal manera, que se va profundizando en la descentralización fiscal". Añadió que ello está conectado con la discusión del impuesto global a los súper ricos, "propuesta ampliamente apoyada desde Brasil".

La alcaldesa de San Miguel, Erika Martínez, señaló que “desde la dictadura, el Estado se encargó de entregar a manos de privados la responsabilidad de resolver el problema de vivienda de las y los chilenos. Bajo este parámetro y criterios donde prima el mercado por sobre el derecho, es que desde el municipio de San Miguel, el Ministerio de Vivienda y el Gobierno del Presidente Boric, hemos intentado hacernos cargo de esta necesidad para dar respuesta a las y los sanmiguelinos, garantizando el acceso a viviendas y servicios y eliminando la segregación". La edil destacó el ejemplo del proyecyo Parque Urbano Habitacional Ciudad del Niño, que dará vivienda a 1.800 familias, lo cual se logró tras frenar la construcción de 23 torres de departamentos, en forma de "guettos verticales" en la comuna.

Finalmente, la concejala de Las Condes, Isidora Alcalde, comentó que "en un contexto global de crisis climática es fundamental repensar las ciudades y abrir la discusión a una nueva agenda urbana que incorpore una planificación, que sea capaz de repensar el sistema de transporte, de incentivar la construcción de viviendas sociales sostenibles y de generar un nuevo plan de gestión de aguas lluvias y grises, entre otras medidas. Las nuevas tecnologías también son clave para construir espacios públicos sustentables, modernos y eficientes que permitan mejorar la calidad de vida de las personas”.

Además de respaldar al candidato del gobierno del presidente brasileño Inacio Lula da Silva, Guilherme Boulos, el evento contó con un importante contingente internacional, entre los cuales destacan, Bill de Blasio (ex alcalde de Nueva York, EEUU), Peter Kurz (ex alcalde de Manheim, Alemania), Cesar Dockweiler (candidato a la alcaldía de La Paz, Bolivia) y Sergio Sullca (alcalde de Santiago, Perú). Mario Ferreiro (ex alcalde de Asunción, Paraguay), Hernán Núñez (ex alcalde de Lima, Perú), Nancy Núñez (alcaldesa electa de Azcapotzalco, México), Andrés Larroque (Ministro de Desarrollo de la Comunidad de la Provincia de Buenos Aires, Argentina), Francisco Legnani (Secretario General de Canelones, Uruguay), Paola Pabón (gobernadora de Pichincha, Ecuador),
 Alejandro Encinas (ex jefe de gobierno de la Ciudad de México), y Juan Monteverde (concejal de Rosario, Argentina).

Red Futuro congrega una serie de nuevos liderazgos de la izquierda sudamericana, entre los cuáles destacan el diputado Gonzalo Winter (Chile), los senadores, María José Pizarro (Colombia), Andrónico Rodriguez (Bolivia) y Alejandro Sánchez (Uruguay), así como la ex candidata presidencial Verónika Mendoza (Perú). El grupo ya sostuvo dos encuentros previos en 2023, tanto en Chile como en Colombia, mientras que esta vez concentró sus esfuerzos en la coyuntura de elecciones municipales en distintos países de la región.

Tomás Leighton en Revista Nueva Sociedad: Significados del giro a la derecha chileno

Cumplimiento tributario y justicia social

Columna publicada en La Tercera (11 de junio 2024).

En el marco de la discusión sobre el proyecto de ley de Cumplimiento de las Obligaciones Tributarias se ha enfatizado la relevancia que tendrá en materia de recaudación. Sin embargo, se ha omitido un componente fundamental: nos permitirá alcanzar un mayor grado de justicia social.

Cuando un contribuyente o grupo económico incumple sus obligaciones tributarias, también está aumentando de modo artificial e ilegítimo la rentabilidad sobre su patrimonio, después de impuestos. Así, aquellos que incumplen estas obligaciones acumulan riqueza a una tasa mayor que la de los contribuyentes que sí cumplen, generando subsecuentemente una mayor concentración de la riqueza.

Existen dos hechos documentados por la literatura especializada que ayudan a entender por qué el incumplimiento tributario genera aumentos significativos de la concentración de la riqueza en el mediano y largo plazo. En primer lugar, las personas de alto patrimonio tienen tasas de retorno sobre el patrimonio superiores al promedio de la población. La razón es que poseen principalmente patrimonio societario, que suele rentar más que otros activos. Segundo, las personas de alto patrimonio tienden a incumplir proporcionalmente más sus obligaciones tributarias que el resto de la población. Esto se explica en parte por el acceso que este grupo tiene a la industria de planificación tributaria agresiva, que pone a su disposición instrumentos y mecanismos vedados al común de la población.

El proyecto de ley contribuye a reducir las ilegítimas ganancias adicionales obtenidas por aquellos que no pagan sus impuestos, contribuyendo así a una generación de riqueza más justa. Aun cuando pudiera afirmarse que es legítimo que un contribuyente haga crecer su patrimonio más rápido que el resto por asumir más riesgos financieros, es derechamente arbitrario e injusto que lo haga incumpliendo la ley, ya sea evadiendo y/o planificando su tributación agresivamente.

Ahora bien, ¿por qué debiera preocuparnos una generación de riqueza más justa? Los países más desiguales tienen sistemáticamente una menor igualdad de oportunidades. Los individuos más ricos tienen una mayor influencia sobre el sistema político y económico. Al concentrarse el poder económico y la riqueza en unas pocas manos, existe un impacto negativo en el crecimiento y, además, se perpetúa el estancamiento económico y social.

Estas consideraciones son especialmente relevantes para el momento que vive Chile: la concentración de la riqueza aumenta la desconfianza de la ciudadanía en las instituciones, lo que puede producir riesgos de inestabilidad social y democrática.

En suma, lo que discute actualmente la Comisión de Hacienda del Senado no solamente es urgente desde la perspectiva de las finanzas públicas, sino que también contribuye a que la riqueza se genere de forma más justa.

Tomás Leighton, director ejecutivo de Rumbo Colectivo: “Lamentablemente, algunos sectores retornan a la indiferencia de siempre”

Tomás Leighton, director ejecutivo de Rumbo Colectivo: “Lamentablemente, algunos sectores retornan a la indiferencia de siempre”

Entrevista publicada en el diario La Segunda (15 de mayo 2024).

Dice que mientras la izquierda intenta retomar la palabra después de la derrota constitucional —con un papel clave de síntesis del Presidente Boric—, ve en la derecha una lucha de liderazgos que polariza posiciones y comienza a interpretar con el tejo pasado el estallido social.

Con 27 años, Tomás Leighton es el líder del think tank Rumbo Colectivo, ligado a Revolución Democrática. Se trata de un equipo de cerca de 10 personas, que investiga en políticas de cuidado, derechos sociales, medio ambiente y nuevo modelo de desarrollo. “Son, digamos, los desafíos que enfrenta la sociedad actualmente”, resume.

El bicho político le viene desde mucho antes de que en 2014 liderara la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (Cones), el primero en ese cargo proveniente de un colegio privado (La Girouette). Incluso antes de fichar en RD en 3° medio. En sus recuerdos pesa fuerte la figura de Jorge Molina Valdivieso, su abuelo, exMapu y luego diputado PPD en el retorno de la democracia. “Si bien mi abuelo fue mi inspiración para involucrarme en los asuntos públicos, la mayor enseñanza política que me ha transmitido es que para él no todo en su vida es la política. Y eso es muy político: una definición de pasar mucho tiempo con la familia. La política tiene que ser una esfera que habilite que podamos convivir en el resto de las esferas”.

Sociología en la Chile y estudios de comunicación en Alemania complementaron su formación. Estudió la construcción de la “imagen país” en transiciones democráticas y periodos constituyentes, teniendo como referencia obligatoria el iceberg chileno en Sevilla (1992). Hoy, debe ayudar a que la izquierda retome el proyecto tras los golpes de la derrota constitucional.

Y por esto último, emulando los antiguos boletines de autoinformación sindical o de mujeres obreras, e inspirándose en la revista «Rumbo» —creada por militantes socialistas en los años 30— este think tank sacó ahora su propia revista del mismo nombre: “Lo más importante que tiene que hacer hoy un centro de pensamiento de nuestro sector es recuperar la palabra, reordenar las piezas de un puzzle que se nos anduvo desordenando después del 4 de septiembre. Tuvimos un momento largo en donde se le pidió a la gente que imaginara el país que soñaba. Lamentablemente esa pregunta no tuvo una respuesta a la altura para tener una nueva Constitución. Ese momento convulso para muchos quedó trunco. Y es muy difícil volver a reordenar las piezas de nuevo: cuál es nuestra interpretación de lo que pasó, dónde estamos, cuál es nuestro proyecto. Dar espacio de discusión a las ideas es fundamental”.

—En la editorial del primer número, enfatizaban la importancia de establecer una relación entre el 18-O con el Chile actual, porque de esa respuesta quizás derivan algunos caminos.

—¿Qué es lo que hay detrás de eso? Es tratar de no mirar la foto del momento, ni la del 18-O, ni la del 4 de septiembre, ni la de ahora sola; sino ver una sucesión de imágenes. Primero: identificar que en Chile existe y existió un malestar social desde fines de los 90, parcialmente ignorado por la política, y frontalmente ignorado por el empresariado, que explica un poco la paradoja de que el 18-O un país de ingreso medio alto estalle como lo hizo. En ese momento, el empresariado tuvo un breve mea culpa por cómo se estaba repartiendo la torta, por así decirlo. Pero ahora, lamentablemente, observamos que algunos sectores retornan a la indiferencia de siempre. Hay un intento un poco más revanchista de decir que aquí no pasó nada. De hecho, hay una disputa interesante al interior de los centros de pensamiento de derecha: algunos dicen que sí había un malestar, pero el grueso dice que no. Y hoy pasamos ya no a la negación del malestar, sino a una interpretación revanchista del malestar. No se busca devolvernos al estado en el que estábamos, sino incluso tirar el tejo más pasado hacia atrás, que mano dura, que son activistas de izquierda los que están destruyendo las instituciones, y por ende que no hay que dar ningún espacio, etc.

—Y en tu sector, ¿el desorden en el puzzle permite visualizar por dónde debiera ir la reflexión de la izquierda?

—El Presidente Boric no tardó ni dos semanas en expresar su opinión sobre el rechazo del 4 de septiembre del 2022 en la ONU: llamó a los gobernantes del mundo a escuchar la voz del pueblo. Recoge de alguna manera el mensaje de la ciudadanía, y hace un reordenamiento de agenda. En ese sentido ya hay algunas señales de cuál es la síntesis. Primero, no considero que haya una distancia tan grande entre gestión e ideología. Y en ese sentido, desde hace poco menos de un año los centros de pensamiento progresistas nos propusimos hacer cosas prácticas, porque las respuestas sobre el futuro están más en las acciones concretas de, por ejemplo, los gobiernos locales o el gobierno central, que en la nostalgia de un oasis pasado o de imaginarnos una lista de supermercado de cómo debería ser la sociedad. La respuesta es valorizar lo que la política, los municipios por ejemplo, hacen bien, para profundizarlas y replicarlas. Los laboratorios programáticos municipales son la respuesta más fresca a este periodo de incertidumbre; que el proyecto país del Frente Amplio (FA) hable en nuestras acciones, no tanto en nuestras palabras.

“Donde sí hay batalla cultural es en la derecha”

—¿Hay muchas iniciativas frenteamplistas replicables?

—Estamos planteando una escala geográfica de la gradualidad: no vamos a probar si esta reforma sirve poco a poco, sino que vamos a probar si lo que funciona en un lugar puede trasladarse a otro. ¿Por qué no es un cosismo en el sentido de pura gestión y no de ideología? Identificamos buenas prácticas, pero también encontraremos obstáculos: no puedo aplicar la misma política de cuidados en Viña del Mar que en Visviri, porque hay una obscena desigualdad de recursos entre municipalidades, resultado del proyecto municipal de la derecha, que incluso intentó recortar más el Fondo Común Municipal en la discusión constitucional para eximir a los propietarios más ricos del pago de contribuciones. Por eso, también buscamos una descentralización basada en financiamiento igualitario: este Gobierno ha avanzado más que ningún otro en igualdad territorial municipal, pues la ley de Royalty, con sus US$1.350 millones anuales, es la mayor inyección de recursos frescos al financiamiento municipal en 10 años.

—¿Y experiencias concretas?

—Por ejemplo, los municipios de Maipú y de Viña del Mar han hecho dos cosas interesantes. Primero, le han devuelto la eficiencia a lo público (la sanitaria municipal de Maipú redujo en alrededor de 12.000 las fugas de agua) y Ripamonti ha hecho lo propio al demostrar que se puede ser más eficiente que la alcaldesa anterior en el uso de los recursos públicos. Segundo, han recuperado el espacio del público para el tiempo libre, porque cuando le devuelves la Plaza de Maipú a los maipucinos y organizas un concierto seguro para 15 mil personas, es para que la gente tenga más tiempo libre para pasar en familia, en una actividad alternativa al mercado. Ahí está la ideología del FA y del Gobierno.

—Hace poco escribiste una columna en la que advertías que si bien el malestar no se ha ido, pareciera que la indignación da lugar a otros sentimientos, como el miedo, miedo inminente al quiebre de lo poco estable que queda en la vida social. Si la izquierda es cambio, ¿los tiempos acompañan en el corto plazo a un proyecto de izquierda?

—Rebato esa idea. Son tiempos también de que la izquierda reconecte con la protección y con la seguridad. Programáticamente se expresa en que este es un Gobierno de tiempo y cuidado, que ha tramitado leyes como las 40 horas, la de conciliación laboral y que implementará un plan de cuidado. La gente quiere estar tranquila, pero no quiere volver atrás. ¿Qué significa volver atrás? El futuro que ofrece la derecha: una especie de nostalgia del oasis de estabilidad, de un espejismo en el cual supuestamente vivía Chile.

En este punto, Leighton profundiza en su crítica hacia la derecha que se estaría anclando en la interpretación revanchista sobre el malestar, donde —en síntesis— le echa la culpa de la situación del país a quienes avivaron un enojo con el sistema: “Pero ese enojo no fue articulado por la izquierda, fue mucho más espontáneo y resultado de años de desoírlo. En esta suerte de matrimonio que va a ir ocurriendo entre Chile Vamos y republicanos, como en todo matrimonio conservador, el divorcio es bien difícil. Y es lo que está pasando en la región: el mayor problema con la ultraderecha no siempre son los nuevos partidos de ultraderecha, sino que son los efectos que ésta tiene en el resto del sistema político. La derecha convencional se ve obligada a reforzar su identidad para no perder electorado y termina adoptando discursos y prácticas de la ultraderecha. Y en ese sentido, las credenciales liberales de la derecha convencional corren peligro con esa interpretación revanchista del malestar”.

—¿No opera lo mismo para el otro lado? El hecho de que ustedes estén en alianza con el PC rigidiza la posibilidad de flexibilizar las agendas, por ejemplo.

—El liderazgo de la ministra Jara y de la ministra Vallejo son la prueba más viva, de que no es lo mismo la situación que vive hoy día el oficialismo con un Gobierno alineado, con flexibilidad y diálogo, cediendo cosas que a veces son súper fundamentales para poder llegar a acuerdos; versus lo que veo del otro lado: un nivel de competencia tal entre Kast y Matthei, que por pelearse el electorado incurrirán en una escalada de radicalización. Porque donde sí hay batalla cultural es en la derecha, no en la izquierda.

—Pero la presidenta del PS, en el último aniversario del partido, enfatizó que ellos no son woke, criticando a quienes dan una lucha identitaria versus universalista. Susan Neiman vino hace poco en Chile. ¿No hay ahí una batalla cultural en la izquierda?

—El libro de Susan Neiman tiene la promesa de salvar a la izquierda, supuestamente, pero salvaguarda ciertos principios o supuestos conservadores sobre la izquierda, como el hecho de que preocuparse por las mujeres trabajadoras es del mismo orden que preocuparse por el cuidado del medio ambiente o por las diversidades sexuales, cuando en realidad no es así.

—El “Manifiesto Socialista” le pone nombre a esta suerte de desconexión: nuñork.

—A mí me cuesta ver eso con tanta claridad. El PS también tiene una gran renovación, una camada de diputados y diputadas súper joven y muchos de ellos han sido férreos aliados del FA en el Congreso. Esa crítica es genérica y mete muchas cosas en la misma juguera, que no tienen nada que ver.

—¿El mundo frenteamplista no ha caído en ese error?

—No, absolutamente no (...). El Presidente Boric no ha abandonado su propuesta inclusiva de un Chile mejor. Ese proyecto, de hecho, no partió sólo con él. Si hoy estuviéramos en 2013 y gobernara Michelle Bachelet y hubiera existido un libro sobre lo woke, sectores conservadores de derecha tratarían a Bachelet de woke, por hablar de la diversidad, de igualdad. Es poco realista creer que acá el FA inventó la rueda en el sentido de la izquierda. Hay una continuidad programática, por así decirlo, entre Bachelet y Boric: representan el mismo proyecto de justicia social. ¿Por qué continuidad? Porque cuando yo digo que este es el Gobierno del tiempo y del cuidado, apunto a un proyecto para los trabajadores actualizado al siglo XXI: preocupado de las condiciones en que las personas trabajan, que corren contra el reloj, que no tienen tiempo para un descanso efectivo.

“Los sistemas políticos son engranajes de muchas partes”

—El Gobierno destaca que ha logrado normalizar el país. Tú eres sociólogo, ¿por qué las encuestas no recogen esa percepción? ¿Será sólo un discurso?

—Los chilenos están muy preocupados por la situación de la inseguridad, basado en una realidad material. Tenemos graves problemas de nuevo tipo de criminalidad y todos los sectores políticos debemos tener las mejores soluciones para enfrentarlo. Después, tenemos personas que todavía no ven reflejadas los avances... Hay datos objetivos respecto a la mejora de ciertos indicadores relacionados, por ejemplo, con la reducción de los homicidios. Pero es distinto darse por satisfecho y pensar que eso cambiará de un día para otro la percepción de los chilenos, porque eso es un trabajo lento. Lo importante es que se pongan en el centro las prioridades para cumplir con esas expectativas: preocuparse de la seguridad pública y social.

—¿No es un discurso entonces que sea chocante para la opinión pública?

—La tarea es más compleja que solamente destacar los logros en normalizar el país. Al mismo tiempo, hay que redoblar los esfuerzos para que eso se vaya reflejando en cumplir las expectativas, que son, por supuesto, mucho más sentidas. Hay también un debate sobre las cifras macroeconómicas y de indicadores como la inflación: el Gobierno salvó a Chile de la crisis económica, de hecho tuvo una consolidación fiscal récord respecto a países incluso de la Unión Europea. No se puede ser indolente con que las personas quieren que eso se vea reflejado en su acceso a bienes y servicios de calidad.

—Hablabas del proyecto de futuro. ¿Cuáles crees que serán los ejes del debate presidencial que viene?

—Dependerá de cuánto la política logre ponerse de acuerdo en pensiones y en pacto fiscal, primero. Junto con seguridad, son los tres temas hiper-mega-prioritarios, de las personas.

—¿Pero qué probabilidad ves en que la derecha apruebe algo de esta agenda?

—Veo a la derecha muy atrincherada en defender posiciones para competir en sus disputas internas, más que cediendo o pensando en lo que venga después. Y eso es un problema estratégico.

—Se está volviendo a debatir una reforma al sistema de partido. ¿Para ustedes la fragmentación es un problema?

—Domingo Lovera plantea que hay un conocimiento acumulado de los dos procesos que nos deja una suerte de laboratorio constitucional; como que ya tuviéramos una Constitución, pero no lo sabemos, y le corresponde a la política aplicarla. El problema es que los políticos son los incumbentes y tienen intereses. Hay quienes han planteado que el problema no es necesariamente el sistema proporcional ni el número de partidos, porque un número distinto no asegurará que los representantes ya no se crean dueños de sus votos. El problema tiene que ver con los personalismos: hay mucho discolaje y pocos incentivos para que los partidos tengan peso en sus decisiones más colectivas, que hayan muchas más órdenes de partido por decisiones de sus responsables. Los sistemas políticos son engranajes de muchas partes que funcionan al mismo tiempo, y si tú desequilibras una, la otra falla; entonces no puede negociarse parte por parte. No podemos decir “tenemos acuerdo en el umbral”, check, sigamos al siguiente.

—El frenteamplismo en la Convención valoraba la diversidad de grupos versus los intentos de reducirla en aras de mayor gobernabilidad.

—El que el FA se esté unificando es para predicar con el ejemplo si te preocupa la fragmentación política. Al mismo tiempo, la necesidad de cuajar en un solo partido también tiene que ver con abandonar una suerte de independentismo conceptual, un modelo que asumía que la independencia política era un valor en sí mismo: ahora el FA va a invitar a la ciudadanía y a los sectores sociales a involucrarse en su toma de decisiones, ser parte del colectivo y entender que, como decía alguien por ahí, uno no termina en uno mismo.