Tomás Leighton en The Clinic: “La ultraderecha funciona en campaña, pero no funciona para gobernar”

Tomás Leighton en The Clinic: “La ultraderecha funciona en campaña, pero no funciona para gobernar”

Entrevista publicada en The Clinic (16 abril 2026).

Por Rodrigo Córdova, periodista The Clinic.

Fue durante la madrugada de hoy cuando el expresidente Gabriel Boric llegó a Barcelona, España, para participar en la cumbre de alto nivel En Defensa de la Democracia y en un encuentro que reúne a distintas organizaciones, fundaciones, centros de pensamiento y referentes de izquierda a nivel global. Tomás Leighton, director ejecutivo de Rumbo Colectivo —centro de pensamiento ligado al Frente Amplio—, llegó unos días antes a Barcelona, ya que dicha organización forma parte de la coordinación de la actividad.

Además, participará como moderador en algunas de las instancias que llevará a cabo la Coalición Internacional de Pensamiento Democrático, entidad que reúne a los actores de la sociedad civil en este encuentro.

Si bien es el primer evento que organiza esta internacional, lo cierto es que se constituyó formalmente el 17 de diciembre pasado en Montevideo, Uruguay, donde se firmaron sus estatutos, su naturaleza y las condiciones de adhesión a la CIPED. En esa instancia, además, se definió la misión de la organización: “La investigación, el estudio, el intercambio, la formación, la difusión y la incidencia para fomentar el debate público basado en conocimiento y contribuir al impulso, mejora y defensa de la democracia a nivel global”.

Leighton estuvo presente en esa instancia y también en los inicios de esta organización, que en un comienzo se denominó Red de Pensamiento Democrático. Esta surgió en Nueva York, en el marco del 80° aniversario de las Naciones Unidas, con el objetivo de coordinar a las izquierdas del mundo.

“Esta es la concreción de un trabajo que viene hace varios meses”, señala Leighton en esta entrevista con The Clinic desde Barcelona, en la antesala de la actividad que se realizará entre el 17 y el 18 de abril.

“En esto se ha traducido un trabajo sostenido de intercambio, y sobre todo por el rol del presidente Pedro Sánchez. Cuando vino a Chile, invitado por el expresidente Boric, insistió mucho en la idea de un foro social mundial, como el que existía a fines de la década de los 90”, comenta el sociólogo frenteamplista, quien se encontrará en España con figuras del progresismo internacional y nacional.

—Esta es la continuación de lo que en algún momento fue la Red de Pensamiento Democrático…

—Han participado think tanks de todos los continentes y una larga lista de organizaciones sociales en eventos preparatorios de esto. Lo que va a ocurrir en Barcelona es una cumbre de líderes, pero esta vez se han sumado muchísimas organizaciones sociales y también organizaciones políticas que van más allá de nuestra coalición, pero con las cuales nosotros estamos colaborando.

En eso se ha traducido un trabajo sostenido de intercambio, y sobre todo por el rol del presidente Pedro Sánchez. Cuando vino a Chile, invitado por el presidente Boric, él nos insistió mucho en la idea de un foro social mundial, como el que existía a fines de la década de los 90.

Han pasado muchos años desde ese entonces. Yo diría que ahora el lema sería más bien otro: “otro mundo es urgente”, porque en realidad son los enemigos frontales de la democracia en el mundo los que han ido controlando muchos Estados.

—¿Por qué es relevante esta organización de izquierdas mundiales?

—Es relevante porque es un atrevimiento por demostrar cosas muy concretas, como lo que ha demostrado Pedro Sánchez en España. Como, por ejemplo, que el odio a los migrantes se traduce en fracasos económicos y que su regularización justa y ordenada es el motor económico. Sánchez ha demostrado que la pasividad (ante las derechas extremas) de otras socialdemocracias en Europa es un error.

Es muy necesario y urgente porque, al contrario, la pasividad y la timidez en mostrar nuestras ideas como progresistas lo único que traen es que el hastío y el malestar social que hay en muchos lugares del planeta los capturen quienes odian la democracia, quienes odian la diferencia de opinión, quienes creen que hay que imponer un modelo de familia.

Entonces, es un llamado al coraje.

—¿Pero qué van a hacer en términos prácticos?

—En particular, el día viernes 17 y el sábado 18, junto con los centros de pensamiento que antes mencionaba, estamos organizando una serie de foros abiertos que serán transmitidos además por internet, en que se abordan los grandes problemas del mundo contemporáneo.

Vamos a partir el viernes con un panel sobre soberanía económica en la geopolítica actual, que va a tener exponentes muy importantes tanto desde el mundo académico, y también vamos a abordar ese mismo día temas de desigualdad.

—¿Por qué?

—Porque hoy día tenemos oligarquías que están consiguiendo que los pobres paguen la mayoría de los impuestos de sus países, con la promesa de que el chorreo va a beneficiar a la clase media, pero que en realidad no sucede, exactamente como ocurrió en Hungría.

Entonces, el sábado vamos a seguir con paneles de otros temas que son importantes: el uso malicioso de las tecnologías y las políticas que pueden tomar los Estados para evitar el mal uso de los datos privados en las plataformas. Ahí va a estar, por ejemplo, Camila Vallejo.

Después, en la tarde del sábado 18, va a haber una instancia para que los principales líderes del progresismo en el mundo puedan dar sus discursos. Va a haber un discurso de Lula, va a haber un discurso de Pedro Sánchez y de otros mandatarios durante la jornada.

Y finalmente, el día domingo 19 vamos a tener una reunión con centros de estudio de todos los continentes. Eso va a ser un momento de poner lo que se pensó, lo que se reflexionó, en un plan concreto para avanzar nuestros programas de transformación de la sociedad y demostrar que la democracia es la mejor forma de gobierno y que quienes se oponen a eso tienen muy poco que ofrecer a la hora de gobernar.

—Hace un año dijo que esta organización de centros de pensamiento era una respuesta a la CIPAC, organización internacional de derechas radicales, y acusó que era una fábrica de exportación de distopías. ¿No cree que pueden hacerle la misma crítica a la organización en la que hoy participan, en caso de que exporten modelos de políticas públicas?

—Por supuesto que no de distopía, sino de resoluciones concretas. Y, en ese sentido, me parece que es muy importante señalar que la izquierda tiene el deber de estar a la altura, de ofrecer un programa para la gran crisis financiera que viene en el mundo.

No es casualidad que nos estemos adelantando a la situación económica que viene en el mundo, donde hay un nivel de concentración de capital sin precedentes en empresas tecnológicas, y cualquier movimiento o sacudida puede implicar una crisis financiera de gran escala.

—¿Y cómo la izquierda o el progresismo pueden ser una alternativa?

—Uno de los problemas de la ultraderecha es que dicen que se erige contra una supuesta izquierda muy poderosa, casi como una conspiración, tal como en el siglo pasado el fascismo reaccionó contra el proletariado organizado.

Ahora no hay un proletariado organizado, y eso es porque la izquierda en el mundo aún no logra ligar sus políticas con un proyecto de soberanía económica. Entonces, ese proyecto tiene que estar listo y coordinado como respuesta a la gran crisis financiera que viene, para defender a los trabajadores y a las trabajadoras de aquellos gobiernos que les quieren imponer que ellos tienen que pagar esa crisis con el esfuerzo de su trabajo.

Ese es el desafío, y por eso el trabajo en políticas públicas a nivel internacional es urgente.

—De todas formas hay un desafío de reencantar a un electorado que, más allá de lo que planteen, parece que no elige a los líderes progresistas…

—El electorado que ha votado por la ultraderecha se va desencantando no bien gobierna la ultraderecha. Y ahí no es suficiente para la izquierda ofrecer una vuelta atrás y decir que en el pasado estábamos mejor, defendamos el status quo.

Todas esas recetas no resuelven el problema de fondo, que es el malestar social de las enormes mayorías de la población del mundo por la concentración extrema de la riqueza en cada vez menos personas.

En ese sentido, creo que el elemento económico es central y es algo que explica las derrotas de la ultraderecha, como la derrota de Víctor Orbán, pero también podría explicar o alentar el triunfo de la izquierda.

Quiero decir que Orbán perdió las elecciones por razones económicas, a diferencia de lo que se está diciendo sobre el factor europeísta como el único factor. Básicamente, le prometió a los húngaros que, cargando impuestos a los más pobres para eximir a los ricos, les iba a terminar chorreando. Pero, cuatro años después, llevó a Hungría a una inflación del 25%, generando un problema monetario.

Lo veremos acá en Chile si el Presidente Kast siguiera los pasos de su mentor y las recetas de la ultraderecha. Eso sería un desastre para la economía. O sea, funciona en campaña, pero no funciona para gobernar.

—¿Entonces cuál es el desafío en América Latina?

—Es que los sectores democráticos y progresistas vuelvan a ofrecer un programa de integración económica regional que nos salve de la crisis.

—¿Qué tan relevante es que figuras de la política nacional como Camila Vallejo, Isabel Allende, Constanza Martínez y Paulina Vodanovic asistan a este evento, además del expresidente Boric?

—Lo primero es que, en realidad, no es muy distinto a lo que las izquierdas en otras partes del mundo están haciendo. La presidenta de México viaja muy poco y está acudiendo a este encuentro acompañada de ministras importantes. Lo mismo el presidente Petro y otros líderes mundiales. Esto, en realidad, es una cuestión global, no tiene que ver con Chile.

Entonces, mirando desde el punto de vista histórico, me parece bastante natural que se actualice aquello y que haya un contingente importante de personas que tienen mucha representación en Chile.

—¿Esta es una instancia para posicionar la candidatura de Michelle Bachelet a la ONU, considerando que estarán los jefes de Estado de los países que patrocinan dicha carrera?

—Este no es un encuentro de Estados, sin perjuicio de lo cual me parece que la candidatura de la expresidenta Bachelet está tomando cada vez más fuerza en el concierto mundial. Me parece que no es menor que las dos principales economías de la región, Brasil y México, no solo hayan suscrito su candidatura, sino que además la hayan defendido con mucha convicción frente a las turbulencias de la política doméstica en Chile. Esa es una prueba muy importante.

Tomás Leighton en The Clinic: “Kast está importando distopías que no calzan en Chile”

Tomás Leighton en The Clinic: “Kast está importando distopías que no calzan en Chile”

Entrevista publicada en The Clinic (2 octubre 2025).

Por Rodrigo Córdova.

El Presidente Gabriel Boric viajó la semana pasada a Nueva York, Estados Unidos, para participar en el 80° debate de la Asamblea General de las Naciones Unidas. El mandatario lo hizo acompañado de ministros, una delegación parlamentaria y de la expresidenta Michelle Bachelet, a quien nominó como candidata a la secretaría general del organismo.

En paralelo, también viajó Tomás Leighton, el sociólogo director ejecutivo de Rumbo Colectivo —centro de pensamiento vinculado al Frente Amplio—, quien participó en encuentros con otros think tanks progresistas internacionales con los que ya había trazado una hoja de ruta en julio pasado en Chile, en el marco del encuentro de líderes progresistas “Democracia Siempre”. Esa cita reunió al propio Boric junto a Luiz Inácio Lula da Silva, Pedro Sánchez, Gustavo Petro y Yamandú Orsi.

En Nueva York, Leighton estuvo presente en el Segundo Encuentro Internacional de la Sociedad Civil, instancia en la que también figuró el exministro Giorgio Jackson, y donde se dio origen a la Red Internacional de Pensamiento Democrático: una plataforma global de centros de estudio y organizaciones de la sociedad civil “comprometidas con la defensa de la democracia, los derechos humanos, la justicia social y el fortalecimiento del multilateralismo”, según informó Rumbo Colectivo en sus redes sociales.

Aunque el encuentro se desarrolló de manera independiente a la reunión de los líderes progresistas iberoamericanos, no estuvo del todo ajeno al mandatario. De hecho, durante la cita “En defensa de la democracia, combatiendo el extremismo”, Boric agradeció públicamente a Leighton, que se encontraba entre los asistentes, por impulsar la iniciativa que permitió articular la nueva red internacional de centros de pensamiento.

Leighton ya retornó a Chile, pero no por eso ha dejado de darle vueltas al hito que se concretó en Nueva York. Desde acá, analiza las proyecciones que abre la creación de esta red de think tanks progresistas y las señales que dejó para el país su desempeño en el 80° aniversario de Naciones Unidas.

—¿Cómo recibió la noticia de la candidatura de Michelle Bachelet como Secretario General de la ONU? 

—La postulación de Michelle Bachelet es el resultado del progreso de Chile desde el fin de la dictadura. Creo que Bachelet en la ONU podría terminar con un largo periodo de infamia internacional a la que nos condenó Pinochet. Todas las vergüenzas que nos hizo pasar esa vieja derecha a nivel mundial. Pero también, más allá de la derecha, Bachelet en la ONU podría cambiar la imagen que proyectamos al mundo durante los primeros años de la transición democrática, que ha ido variando. Ese cambio, para mí, tiene el rostro de Michelle Bachelet.

—Parlamentarios de oposición apoyaron la nominación de la candidatura, pero los abanderados presidenciales de derecha optaron por poner en duda su apoyo. ¿Cómo se interpreta ese mensaje? 

—La derecha local ha titubeado en su reacción porque saben que la gente siente que la candidatura de Bachelet es como una proeza nacional. En el caso de Kast, uno de los problemas de la ultraderecha es que no se puede ser nacionalista y al mismo tiempo agachar la cabeza ante las potencias mundiales. Si es que las personas perciben esta candidatura como una proeza nacional, de dignidad nacional, es compleja la reacción que pueda tener el candidato Kast. Me parece que es una posición incómoda para él. 

Por otro lado, hay otra derecha, que está bien encarnada por el presidente del Senado Manuel José Ossandón, que se da cuenta que la nueva imagen de Chile en el mundo está vinculada a su primera mujer presidenta en 2006 que tuvo un rol como directora de ONU Mujeres, como alta comisionada en la ONU, y que considera el hecho de que Chile tenga disponible una persona especializada al punto de que podría ocupar el cargo más difícil de ejercer en el mundo.

—Otro hito de la visita a la Asamblea General de las Naciones Unidas fue la creación de la Red Internacional de Pensamiento Democrático, de la cual usted fue parte. ¿De qué trata? 

—Para entender el contexto, la conformación de nuestra red responde a la crisis de la democracia en el mundo. El último informe de IDEA Internacional muestra que la mitad de los países del mundo retrocedieron en su desempeño democrático en los últimos cinco años, especialmente en temas de la independencia del poder judicial en un Estado de Derecho. Y el caso insigne de esas tendencias iliberales, como se les ha llamado, es el Estados Unidos de Donald Trump, que ha descendido en el índice de democracia liberal al puesto 24, que está muy lejos, por ejemplo, del puntaje de nuestro país, que es el 15. 

La cuestión que es preocupante, y lo que motiva hacer una red como la que estamos conformando, es que la ultraderecha, lejos de preocuparse de estos resultados problemáticos de la democracia, se siente orgullosa de eso porque lo han buscado durante muchos años a través de la Conservative Political Action Conference, el CPAC, que es una internacional que hace eventos todos los años. 

—¿La Red Internacional de Pensamiento Democrático se podría decir que es un equivalente a un CPAC de izquierda?

—Yo diría que si la CPAC no estuviese teniendo el éxito que tiene al socavar la democracia, no sería necesario crear una red de defensa de la democracia. Estamos hablando de los grandes peligros que enfrenta nuestra democracia por efecto de los discursos de la ultraderecha. Si el caso insigne del deterioro democrático de Estados Unidos, es porque el vicepresidente de dicho país, JD Vance tiene escritores de cabecera, como por ejemplo el bloguero Curtis Yarvin, que es un es un intelectual abiertamente monarquista, es decir, que cree que el régimen democrático como un estorbo del progreso. El problema de esta CPAC es que no son solo discursos, también son cosas concretas. 

Trump, por ejemplo, se sirvió de una plataforma de think tanks para planificar las redadas que hace contra los migrantes en su país y para planificar el departamento contra la inversión pública. Hay un libro muy importante de Kevin Anderson de la Heritage Foundation, que es otra de estas fundaciones del ámbito conservador, en el que pueden rastrearse muchas de estas tácticas que las prepararon con antelación para minar la administración del Estado.

Entonces, contra todo eso es necesario también promover la democracia en un contexto muy difícil. Ahora, no quiero decir que todo esto es catastrófico, porque en realidad tengo mucho optimismo sobre cómo la democracia puede ser resiliente, y de eso también se trata la red.

—Y, en ese contexto, cómo piensa actuar esta red en términos concretos. ¿Son estudio, charlas? ¿Impondrá una metodología de elaboración de políticas públicas? 

—No solamente vamos a producir investigaciones rigurosas, que es algo que la academia y las universidades públicas hacen muy bien alrededor del mundo, sino que la idea es darle visibilidad a las cosas que el Estado hace bien en distintas partes del mundo.

Vamos a demostrar que la democracia puede dar resultados, pero que si esos resultados no se difunden, la democracia muere. Entonces, en lo concreto, sí, vamos a seguir organizando festivales que básicamente existen porque los líderes tienen la convicción de que las instituciones democráticas no se cuidan solas, que se requiere el involucramiento de la sociedad civil, pero también vamos a tensionar a algunos académicos a salirse un poco del circuito exigido por la academia. Porque la democracia lo que realmente exige es que todos los demócratas nos comprometamos en visibilizar cuando el Estado lo hace bien para poder salvarla de las ideas catastrofistas y distópicas con que la ultraderecha difunde el miedo.

—A propósito del impulso de los líderes, el Presidente de España, Pedro Sánchez, durante el homenaje a José Pepe Mujica, habló de ir en busca de una utopía. ¿La Red se sitúa en esa persecución o es una mera defensa de la democracia? 

—Eso es interesante, porque yo diría que el CPAC es una máquina de generación de distopía, de importación y exportación de distopía. La red que estamos formando, más que una suerte de laboratorio de ideas, es una plataforma en donde los demócratas, que no necesitan inventar nuevas ideas, pueden buscar nuevas formas de visualizarlas antes de que mueran en el olvido. Como dice nuestra declaración pública, nosotros tenemos la convicción de que el mundo ya está poblado de iniciativas democráticas que en el día a día, en la cotidianeidad, ayudan y sostienen la vida de mucha gente. 

Cuando los programas sociales también tienen una manera de publicitarse bien y de, por así decirlo, que no solamente se obtenga un beneficio, sino que también se pueda creer que en ese beneficio, hay una manera de vivir juntos, la democracia se fortalece, se vuelve más vigorosa.

—En Chile el candidato presidencial José Antonio Kast, que ostenta el segundo lugar en las encuestas, suele participar en los encuentros de la CPAC. ¿Le preocupa?  

—A ver, Kast lleva años haciendo política internacional. De hecho, en el último encuentro en Hungría compartió con dos ministros del genocida Benjamín Netanyahu, con Chikli y Gamliel, que son ambos del partido de ultraderecha israelí, llamado Likud. Estos viajes que hace Kast pretenden un modelo de importación de ideas extranjeras para Chile, pero como decía antes, si bien estas ideas de ultraderecha llaman la atención porque son excéntricas, en realidad no funcionan y menos van a funcionar en Chile. 

El problema es que Kast está importando distopías que no calzan en Chile. Por un lado, esta semana lo hemos visto en la polémica por lo del gasto público. Él importa la idea de cercenar la inversión pública con un recorte de 6.000 millones de dólares. Por otro lado, ha anunciado que va a construir más cárcel y que va a sumar personal de seguridad, lo que requeriría un ritmo de gasto más acelerado que el del Gobierno de Boric. Estamos hablando de que este Gobierno aumentó el presupuesto en un 16,7% respecto de Piñera en seguridad. O sea, tendría que gastar más aún. El problema es que no ha explicado de qué programa social va a eliminar para aumentar en seguridad.

—¿Cómo calificaría eso entonces? 

—En la teoría política, cuando se restringen las funciones del Estado a funciones policiales, eso se llama minarquismo. Los Chicago Boys son como niños de pecho al lado de los minarquistas. El minarquismo imagina al Estado como un mero vigilante nocturno, como un guardia de noche, digamos. Esa utopía es absolutamente inviable en Chile por que no tiene nada que ver con el país. 

A diferencia de Milei y de Trump, que tienen esta idea de los topos que pasan una temporada en el Estado para destruirlo por dentro, la derecha chilena lleva toda su vida viviendo en el Estado y no lo digo peyorativamente, lo que quiero decir es que la derecha que hoy conocemos viene de partidos nacidos en el seno del Estado.

Por ejemplo, la UDI, cuando se fundó en 1983, nace en el seno del Estado autoritario y desde ahí administraron las municipalidades de la dictadura. Luego, en el retorno a la democracia se arrimaron a los escaños designados en el Congreso, luego transformaron sus partidos para sobrevivir al retorno democrático y se fueron liberalizando para habilitarse para volver a gobernar y vuelven a gobernar con Piñera. Además, el neoliberalismo en Chile no se realizó a través de un Estado enano. De hecho, existe un Estado de tamaño considerable. En Chile no tenemos todo desregulado, yo diría que por obra también de derechistas tenemos un Estado regulado cuidadosamente, pero para favorecer a las grandes empresas. No es que calce esta idea de un Estado famélico.

—Entonces, ¿qué tan importante es para el progresismo se tome en serio la idea de reformar el Estado? Porque las propuestas del candidato Kast nacen de un sentir ciudadano que no ha encontrado respuestas en el Estado…

—Un compañero dijo algo muy revelador en nuestra reunión de Nueva York, que la democracia es como una casa vieja en que los nuevos electrodomésticos están haciendo cortocircuito, pero la ultraderecha te diría que lo mejor es quemar la casa o dejemos que la casa se queme. Los demócratas lo que deberían decir es que hay que tratar de remodelarla. Me parece que acá, con el tema de la eficiencia pública, es lo mismo, pero esto es un debate mundial para los demócratas. O sea, las reflexiones que ha puesto el alcalde Vodanovic en Chile se están dando en distintas partes del mundo.

Yo no diría que el estado tiene que hacer más con menos. El Estado ha hecho las cosas bien, pero tiene que hacerlas mejor porque hay algunas cosas que no se entienden y hay otras cosas que pueden hacerse mejor.