Y aprobada la ley de ‘Escuelas Protegidas’, ¿qué hacemos con la convivencia educativa?

Y aprobada la ley de ‘Escuelas Protegidas’, ¿qué hacemos con la convivencia educativa?

Columna publicada en El País (16 de junio, 2026).

Por Jaime Portales, integrante del Observatorio de Políticas en Educación de Rumbo Colectivo, y por Tatiana Urrutia, diputada por el Frente Amplio.

La recién aprobada ley de “Escuelas Protegidas”, impulsada por el actual gobierno, responde a una preocupación legítima: enfrentar la violencia que afecta a estudiantes, docentes y comunidades educativas. En particular, la nueva ley permite y regula nuevas herramientas de inspección de las y los estudiantes tales como la revisión de mochilas y bolsos, y la incorporación de restricciones sobre vestimenta o accesorios que impiden identificación facial, lo que mal implementado puede llevar a discriminaciones arbitrarias de estudiantes, a la exacerbación de los conflictos, e incluso al abandono y la exclusión escolar.

Asimismo, la nueva ley define inhabilidades para personas mayores de 14 años condenadas por delitos graves cometidos en contextos educativos. Una de estas es la suspensión de la gratuidad en educación superior por un periodo 5 años, que corresponde a una medida que contradice la evidencia que identifica a la educación como uno de los principales factores de integración social y de reducción de la reincidencia.

Pero, más allá de lo anterior, ¿ayudan estas medidas a resolver el problema de la convivencia en nuestras escuelas, aparte de su aplicación en situaciones extremas? ¿La nueva ley nos entrega herramientas y modelos para aprender a convivir?

Si el propósito es aprender a vivir juntos, la evidencia nacional e internacional disponible apunta hacia una dirección muy diferente. Organismos como UNESCO, UNICEF y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) han destacado que las estrategias más efectivas para reducir la violencia escolar son aquellas que fortalecen el clima escolar, la participación estudiantil, las capacidades docentes y el apoyo psicosocial. Por el contrario, las medidas centradas principalmente en inspecciones, vigilancia o respuestas punitivas muestran resultados mucho más limitados, e incluso perjudiciales, cuando no forman parte de un abordaje más integral: uno que promueve el desarrollo de habilidades socioemocionales, la formación ciudadana, la resolución pacífica y dialogada de conflictos, y que reconoce a niños, niñas y adolescentes como sujetos de derecho.

Chile necesita una política de convivencia educativa que no oponga seguridad y derechos, sino que los una en una misma estrategia. Esa es la principal política educativa que debiera impulsar el Ministerio de Educación, con un financiamiento público estable, si realmente quiere una convivencia educativa más segura, inclusiva y sostenible en el largo plazo en las comunidades educativas del país. De hecho, ya existe una política de convivencia educativa vigente para el periodo 2024-2030 a la que, así como en el caso de seguridad, también se le podría dar continuidad.

Simce 2024, un sistema escolar en movimiento

Simce 2024, un sistema escolar en movimiento

Columna publicada en La Tercera (9 de marzo 2025).

Por Gonzalo Muñoz Stuardo, Doctor en Ciencias de la Educación,  U. de Granada (España) y consejero de Rumbo Colectivo.

Aunque el Simce es una medida limitada del aprendizaje escolar, sus resultados 2024 nos entregan un mensaje claro: la educación chilena está en movimiento y ha mostrado una notable capacidad de recuperación pospandemia. A pesar de las visiones negativas que suelen predominar en el debate público, la evidencia muestra que nuestro sistema escolar, fundamentalmente gracias al trabajo profesional de sus comunidades, no solo resistió bien los efectos de la crisis, sino que está mejorando. En cuarto básico se registró el mejor resultado desde que existen mediciones comparables, tanto en lectura como en matemáticas. Además, este avance se explica principalmente por el progreso de los aprendizajes en los sectores más vulnerables, por lo que se acortan las brechas por nivel socioeconómico. En segundo medio se aprecia también una tendencia al alza, inédita en la última década.

Otro dato que deja este Simce es que la educación a cargo de los SLEP (Servicios Locales de Educación Pública) muestra nuevamente un progreso importante. Las escuelas y liceos bajo esta nueva institucionalidad han mejorado más que el promedio del sistema municipal en casi todas las mediciones. Las cohortes de los SLEP de 2018 y 2019 -ahí donde esta reforma está más consolidada- mostraron aumentos significativos de su desempeño en todas las evaluaciones (excepto lectura en 2do medio). En cuarto básico, los SLEP obtuvieron alzas que les permitieron revertir la caída experimentada con la pandemia y superar los niveles de aprendizajes previos a la crisis. En la educación media, la tendencia también es en general positiva. Con estos datos sobre la mesa, no tiene ningún sentido seguir sembrando desconfianza respecto a una reforma que avanza en la dirección correcta, por lo que el esfuerzo debería concentrarse en perfeccionar su diseño y mejorar su implementación.

Por supuesto, estos avances no deben conducirnos a complacencia alguna, ya que los desafíos son muchos y evidentes; entre ellos, la mantención o ampliación de las brechas de género, que deben ser abordadas con mayor decisión; también hay que monitorear con atención a la generación que rindió la prueba de sexto básico y que al parecer es una de las más afectadas con la pandemia; y, lo más importante, los niveles de aprendizaje en media (donde la recuperación ha sido insuficiente y hay una larga historia de dificultad para mejorar) deben ser leídos como el síntoma de un problema más estructural de la educación secundaria y su capacidad para responder pertinentemente a la realidad de las nuevas generaciones de jóvenes. Las políticas de los próximos años deberían enfocarse en estos y otros nudos críticos, ajustando las reformas recientes y priorizando nuevas estrategias -nacionales y focalizadas- que mejoren la experiencia escolar y los aprendizajes esenciales de los estudiantes. En un año donde el país volverá a discutir sobre su futuro, es fundamental que la educación recupere, ojalá bajo un diálogo constructivo, un lugar prioritario en la agenda pública.