Chile se sostiene cuidando

Chile se sostiene cuidando

Columna publicada en La Tercera (27 de junio 2025).

Por Paula Castillo, encargada de Estudios de Rumbo Colectivo.

El mundo vive una profunda transformación demográfica: la sociedad envejece y los nacimientos caen. Para el caso de Chile, según datos del INE, en 2024 se registraron apenas 154.411, una baja de 44,6% respecto de 1992, y la Tasa Global de Fecundidad cayó a 1,03 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional estimado en 2,1. Por ello, el debate público debe abocarse a estudiar las causas y proponer medidas de mitigación atingentes e innovadoras.

Según la encuesta ICSO-UDP (junio 2025), una de las principales razones de quienes desean tener hijos pero no lo hacen, es la dificultad de compatibilizar crianza y trabajo. Para las mujeres implica una disminución de ingresos, jornadas dobles y escaso apoyo institucional. Para los hombres, la imposibilidad de asumir un rol activo desde el nacimiento de las y los hijos. Como identifica el último informe de Rumbo Colectivo, esta realidad golpea con más fuerza en sectores populares, cuya tasa de fecundidad registra la caída más drástica, y a pesar de las políticas actuales, persiste la desigualdad de género en la crianza. Por tanto, las políticas deben apuntar hacia la corresponsabilidad entre madres y padres, la redistribución de la crianza y fomentar la participación del Estado.

En ese sentido, el Proyecto de Ley (Boletín Nº17049-13) presentado por el diputado Patricio Rosas (FA) representa un buen piso para partir. Este busca principalmente extender el postnatal para las mujeres de 6 a 8 meses obligatorios y 3 adicionales con subsidio decreciente, buscando encontrar un equilibrio entre sostenibilidad fiscal y ampliación de derechos, en línea con países OCDE; y aumentar de 5 a 30 días obligatorios para los hombres, promoviendo el reconocimiento sustancial de la corresponsabilidad como práctica.

Si bien es un piso que va en directo beneficio del desarrollo del recién nacido, de la formación de apego entre padres e hijos en los primeros meses de vida, y de facilitar la crianza en momentos cruciales para su desarrollo, resulta fundamental la adición de otras políticas de corresponsabilidad y cuidados para evitar que el proyecto tome un enfoque maternalista y promueva estereotipos de género, en especial considerando que la extensión propuesta es desigual.

En ese sentido, propuestas como las de Gonzalo Winter —acceso a terapias de reproducción asistida, un banco nacional para óvulos y espermios, y la ampliación del Programa 4 a 7, que proporciona un espacio de cuidado integral y seguro para niños entre 6 y 13 años— son un buen complemento al proyecto, ya que apuestan por una sociedad que valora la autonomía reproductiva y respalda el trabajo de cuidar.

En la vereda contraria, las voces conservadoras atribuyen la baja natalidad a un supuesto egoísmo generacional, a la pérdida de vocación maternal e incluso a que la izquierda habría convencido a los chilenos de que tener hijos es un problema. De forma contradictoria, proponen medidas insuficientes —como bonos— que refuerzan una lógica que premia a las mujeres que eligen maternar y castiga a las que no. Con ello, desconocen el éxito de las políticas de prevención del embarazo adolescente y que criar en Chile es caro, desigual y solitario.

Especialmente en el contexto actual, no se trata de culparnos a las mujeres ni a la conquista de nuestros derechos, sino de respaldar aquellas iniciativas que aseguren tiempo, dignidad y protección para quienes cuidan. Porque cuidar también es trabajo y garantizar la libertad de quienes cuidan es, también, hacer futuro.

Rumbo Colectivo presenta instrumentos sobre productividad y gasto eficiente

Rumbo Colectivo presenta instrumentos sobre productividad y gasto eficiente

Con éxito se efectuó el conversatorio "Instrumentos para un Estado productivo y eficiente" este 7 de mayo en el ex Congreso Nacional de Santiago, junto a un panel de especialistas provenientes del Ministerio de Economía, la Dirección de Presupuestos y de la Municipalidad de Maipú.

En la instancia, Rumbo Colectivo presentó sus instrumentos para un Estado Productivo y Eficiente, una serie de políticas públicas orientadas a fortalecer el rol del Estado como motor estratégico del bienestar y articulador de soluciones colectivas. 

Durante la presentación, el director ejecutivo, Tomás Leighton, señaló que “estamos hoy presentando una batería de instrumentos para la eficiencia y productividad del Estado. La agenda de modernización es una prioridad, toda vez que la democracia no es un régimen que en sí mismo asegura la provisión de bienes y servicios”, y agregó que, “cuando eso falla, la democracia pierde legitimidad. Por eso hoy día nuestra alternativa no es hacer retroceder al Estado, achicarlo, cortarlo, si no al revés, que llegue más eficientemente en la provisión de aquello que las mayorías sociales necesitan”. 

Tras las palabras de bienvenida —donde también intervino Pablo Mancilla, director del proyecto Instrumentos de Transformación 2030 y Cäcilie Schildberg, representante de la Fundación Friedrich-Ebert-Stiftung en Chile— se realizó el panel de conversación, integrado por Pablo Jorquera, jefe del Subdepartamento de Estudios de la Dirección de Presupuestos; Natalie González, directora del Centro de Gobierno de la Municipalidad de Maipú, y Nicolás Marshall, jefe de la División de Fomento a la Inversión e Industria del Ministerio de Economía. La instancia fue moderada por Marcela Ríos, directora de Rumbo Colectivo.

Los instrumentos presentados fueron: Presupuesto Público del Bienestar, Centros de Gobierno Municipales y un Sistema Inteligente de Permisos Sectoriales (SIPS). El primero apunta a atender metas concretas —como disminuir el coeficiente de Gini post-transferencias de 0,46 a ≤0,40 y vincular el 80% del gasto permanente a resultados con enfoque territorial y de género— mientras que el segundo, a modernizar la gestión municipal, y el tercero, a reducir los tiempos de tramitación de los permisos resguardando los estándares ambientales, sanitarios y de seguridad pública. 

Revisa el detalle de las propuestas en nuestro sitio web https://rumbocolectivo.cl/instrumentos 

Sobre Instrumentos de Transformación 2030

Los Instrumentos de Transformación son 28 iniciativas de política pública diseñadas para que el país avance hacia metas relevantes en la próxima década. Estas propuestas se hacen cargo de los problemas del Chile actual, como la desigualdad, la incertidumbre económica y el crimen organizado, con el objetivo de fortalecer los programas sociales, mejorar la productividad del Estado, promover el desarrollo sostenible y avanzar en una estrategia de seguridad integral.

Desarrollo productivo, un asunto de izquierda y de derecha

Desarrollo productivo, un asunto de izquierda y de derecha

Columna publicada en La Tercera (29 de mayo 2024).

Tradicionalmente se lee que la izquierda no está interesada en el asunto del crecimiento económico. Mientras la derecha se enfocaría en crear empleos y dinamizar la economía vía la protección de la inversión y del libre comercio, la izquierda se concentraría en la distribución de esos frutos. Sin embargo, aquella lectura es un error, por varias razones.

Primero, la izquierda chilena durante el siglo XX tuvo una gran preocupación por la transformación productiva, y veía en la estructura hacendada y un sector industrial rentista la causa profunda del crecimiento mediocre del país. Ese estancamiento, se sostenía, solo podía ser superado a partir de una direccionalidad industrial desde el Estado que condujera las fuerzas económicas hacia áreas dinámicas tecnológicamente. No por nada la creación de la Corfo, la CAP y la reforma agraria, fueron agendas claves de las fuerzas de izquierda durante este periodo.

Desde una perspectiva internacional, desde principios (y con más fuerza desde mediados) del siglo XX, la trayectoria de crecimiento de los países nórdicos, bajo gobiernos mayoritariamente socialdemócratas y laboristas, fue en la misma línea. Ocuparon la maquinaria pública para redistribuir la tierra, crearon empresas públicas en áreas tradicionales, y empujaron subsidios, créditos y reglas de transferencia tecnológica, para desplegar encadenamientos productivos en áreas forestales o petroleras, junto a levantar nuevas industrias en áreas automotrices y de telefonía. Parte clave de sus éxitos económicos derivaron, precisamente, de esa agenda productivista.

Volviendo a la actualidad, bajo el gobierno demócrata de Biden, se aplican activas políticas arancelarias, subsidios sujetos a inversión nacional y reglas de contenido nacional para inversiones (bajo la mirada impotente de una OMC, hoy por hoy, difunta de facto) para reconstruir un tejido industrial destruido tras décadas de neoliberalismo. De esta forma, la izquierda tiene una importante armazón de experiencias para enfrentar el desafío del desarrollo.

Pero, en segundo lugar, no es correcto que la estrategia de sobre-protección de la inversión y libre comercio sean la receta para el desarrollo productivo, como afirma la derecha liberal nacional. Como señaló recientemente, para The New York Times (a propósito del desarrollo industrial chino) el profesor Zheng Yongnian, “La decisión de Occidente de aplicar políticas neoliberales fue un error estratégico, que llevó a una desindustrialización de sus economías y brindó a China de una gran oportunidad.”

Para el caso chileno, tras casi medio siglo de neoliberalismo, la economía ha concluido con una economía movida por la producción de rentas en diversas áreas de la sociedad: rentas extractivas a partir del control de minerales (cobre o litio, por ejemplo), rentas financieras a partir de las relaciones de deuda, rentas derivadas de coordinación oligopólica en los mercados internos, rentas de colusión de precios y rentas monopsónicas (pequeños productores sujetos a relaciones verticales con un único demandante, como sucede en el sector frutícola y lechero, por ejemplo). El resultado no es diferente de lo que vemos en EEUU o países europeos: una década de estancamiento productivo, desindustrialización y malestar social.

Sin embargo, la derecha chilena tampoco tiene por qué asumir ese discurso pro-libre comercio como propio. Durante el siglo XX, existió una importante derecha nacional contraria al liberalismo económico que defendió un rol industrial activo del Estado, bajo el argumento de que la unidad y cooperación industrial de la comunidad nacional, coordinada desde un Estado Desarrollista, debía sobreponerse a los conflictos internos de la sociedad. No olvidemos, por ejemplo, que el despegue industrial de Corea del Sur (o Singapur) en los 1960s lo realizó una derecha nacionalista y productivista, no la izquierda.

El asunto, en este sentido, es que el objetivo de desarrollo productivo es un eje clave en la izquierda histórica, lo que la hace estar muy lejos de ese prejuicio de que se preocuparía solo de “distribuir” la riqueza ya generada. Pero también es un momento para que la derecha reflexione sobre sus propios antecedentes históricos, y encuentre agendas económicas más vigorosas y prometedoras que seguir amarrada a un liberalismo económico decimonónico.