Nueva Ley de Cuotas para el fortalecimiento de la representatividad política de género

Nueva Ley de Cuotas para el fortalecimiento de la representatividad política de género

Columna publicada en La Tercera (6 de marzo 2025).

Por Paula Castillo, Encargada de Estudios en Rumbo Colectivo, y Lican Martínez, colaborado en Rumbo Colectivo.

En los próximos días se conmemora, tanto el Día Internacional de la Mujer, como el tercer aniversario del gobierno del Presidente Boric. Tres años en los cuales, según la última versión del estudio “Resolviendo en Democracia: estudio de cumplimiento del programa de gobierno 2022-2024″, el gobierno ha cumplido con el 71% de sus compromisos en materia de género, contabilizando las medidas total y parcialmente cumplidas.

Con el inicio de su último año en el poder, la administración Boric enfrenta el desafío de definir estratégicamente las agendas que priorizará de aquí a marzo de 2026, especialmente la de género. En ese sentido, una cuestión ineludible a tratar es el futuro de la famosa Ley de Cuotas y la responsabilidad de consolidar la paridad como un principio necesario para la democracia chilena.

La representatividad política de género en los espacios que diseñan leyes y políticas públicas resulta fundamental para el desarrollo y avance de una sociedad equitativa, inclusiva y democrática. La Ley Nº20.840 de 2015 establece cuotas de género en las candidaturas parlamentarias, constituyendo una puerta de entrada que ha promovido importantes cambios, por ejemplo, en la Cámara de Diputadas y Diputados, la cual pasó de un 15,8% de sus escaños ocupados por mujeres a un 22,6% en 2017 y un 35,5% en 2021. Dicha ley, que regirá hasta las elecciones parlamentarias del 2029, ha sido fundamental, tanto para fortalecer y aumentar la participación de mujeres en la tomas de decisiones más importantes para la población chilena, como para la modernización legislativa del país.

Una composición más paritaria del Congreso Nacional fue crucial para que la discusión legislativa deviniera en favorable y se lograra aprobar la Ley Nº21.030 que despenaliza la interrupción voluntaria del embarazo en tres causales. Con el voto clave de Marcela Sabat, diputada de derecha, quien rompió con su sector y respaldó la iniciativa, reflejando los desafíos y la complejidad de su aprobación, se terminó respaldando la iniciativa con 66 votos a favor y 44 en contra, contando entre los votos a favor, tanto de los partidos del progresismo como de aquellos donde la Iglesia Católica tiene gran influencia, como la Democracia Cristiana. Un escenario similar ocurrió en el Senado antes de convertirse en ley. Esto evidencia que, en materia de género, existen puntos de convergencia entre los sectores políticos, especialmente si se trata de la salud y el bienestar de las mujeres.

Si bien ha habido un aumento no menor de la representación de mujeres en la política chilena, aún persisten importantes desafíos para garantizar su acceso a cargos de liderazgo. La implementación de la Ley de Cuotas marcó un hito en la inclusión de mujeres, aumentando su presencia en los espacios de decisión e impulsando un cambio cultural. Sin embargo, sabemos que necesitamos una ley aún más completa y robusta, y también que solo con ésta no aseguramos avances contundentes en materia de género.

El desafío inmediato es evitar cualquier retroceso en la materia. La expiración de la Ley de Cuotas que sucederá en 2029 resalta la urgencia de fortalecer y ampliar su alcance, con el objetivo de avanzar hacia una legislación que también permita la distribución efectiva de los cargos electos. Las últimas elecciones de Gobernaciones mostraron una alarmante realidad: ninguna mujer fue elegida en todo el territorio nacional. Además, se observó una disminución en el porcentaje de mujeres elegidas para el Senado en la última elección, del 26,1% en 2017 al 22,2% en 2021, lo que refleja la persistencia de barreras estructurales que dificultan su acceso a cargos de liderazgo.

Asimismo, es fundamental consolidar las políticas de género como parte integral del andamiaje institucional del Estado. La equidad debe trascender de los ciclos políticos, y convertirse en una política de Estado sostenida en el tiempo. Para este objetivo, es necesario establecer mecanismos de monitoreo y evaluación que permitan medir su impacto y garantizar su continuidad. Y para ello, resulta del todo pertinente plantear una nueva y mejorada Ley de Cuotas, que incluya mecanismos participativos tanto de entrada como de salida; que se extienda a otros cargos de representación, además del Congreso Nacional; y que contemple medidas que hagan frente a las desigualdades estructurales que han impedido históricamente la participación de las mujeres en política, y que dicha participación se traduzca en liderazgos efectivos y transformadores de la política nacional.

Propuesta de reforma al sistema electoral y político: Achicar la mesa no es la respuesta

Propuesta de reforma al sistema electoral y político: Achicar la mesa no es la respuesta

Columna publicada en CIPER (20 de diciembre 2024).

Por Claudia Heiss, Ph.D. en Ciencia Política de la New School for Social Research (EE.UU.) y fundadora de Rumbo Colectivo.

Este miércoles, la comisión de Constitución del Senado aprobó en general la idea de legislar un proyecto de reforma constitucional que establece un umbral nacional para los partidos en la elección de representantes en la Cámara de Diputadas y Diputados, y establece la pérdida del escaño para legisladoras/es de la Cámara o el Senado que renuncien a su partido. Dos propuestas legislativas anteriores habían planteado ya la idea de establecer el umbral y la pérdida del escaño, siguiendo la propuesta de la Comisión Experta en el proceso constitucional de 2023.

El proyecto recoge en su exposición de antecedentes una tensión entre representatividad y gobernabilidad que han reconocido los estudios electorales como propia del diseño de mecanismos para convertir la diversidad de preferencias que existe en la sociedad, en asientos en órganos llamados a decidir por ella. 

La dimensión electoral de la democracia busca traducir la diversidad social en diversidad política. Desde el retorno a la democracia, el sistema político chileno, en parte producto de herencias de la dictadura, ha tenido serias dificultades para conseguir tal pluralismo. Por el contrario, su sistema político se ha percibido como fuertemente excluyente, agudizando la desconfianza en las elecciones como mecanismo para llevar a la esfera pública las preferencias ciudadanas.

La propuesta que estamos discutiendo es compleja: una de sus normas (el umbral de 5%) aplica sólo para la Cámara mientras que otra (la pérdida de escaño por renuncia al partido) aplica a la Cámara y el Senado. La regla del 5% no rige si la lista consigue 8 representantes entre ambas cámaras, incluyendo quienes vengan de la elección senatorial anterior, dado que el Senado se renueva por mitades. Una disposición transitoria rebaja de 5 a 4% el umbral para el primer periodo, y de 8 a 4 en número de legisladores electos que permiten saltarse ese requisito. Los votos de candidaturas que no consigan el umbral se traspasan a otros partidos, si es que iban en pacto, aunque no queda claro qué pasa en tal caso con los votos de partidos que no vayan en pacto.  No hay duda de que estas normas se hicieron considerando un cálculo estratégico. Sin embargo, en la antesala de la primera elección parlamentaria con voto obligatorio, las proyecciones electorales son hoy más impredecibles que nunca. 

No parece que una propuesta de estas características contribuya a mejorar la confianza ciudadana en los partidos, como argumenta el proyecto. La crisis de representación en Chile, vista en el largo plazo y no sólo en el acotado periodo de tiempo al que este proyecto parece atribuir el problema, tiene más que ver con la relación entre partidos y ciudadanía y con la representatividad del sistema político, que con fallas en la capacidad de ponerse de acuerdo entre representantes en el Congreso.

Algunas personas han opinado que se trata de un primer paso, modesto, pero valioso para mejorar algunas de las dificultades del sistema político, como la proliferación de nuevos partidos en años recientes. Sin embargo, también es concebible que más que un primer paso se trate del único, y que este proyecto permita a quienes no quieren hacer más modificaciones argumentar que ya se ha abordado lo esencial del problema. O peor aún, decir que no es suficiente para reducir el número de partidos e insistir en achicar el número de representantes por distrito, afectando negativamente la representatividad.

Si el número de partidos con representación parlamentaria es excesivo, esto se debe en parte a que muchos de ellos existen hoy subsidiados electoralmente por sus aliados de pacto. Los pactos electorales no sólo alimentan la fragmentación, un problema que la propuesta busca subsanar, sino que hacen que la forma en que los votos de las personas se convierten en representación sea confusa. Sería cosa de preguntarle a la ciudadanía si está consciente de que, al votar por una candidatura, en realidad está poniendo su voto a disposición no sólo del partido sino de otros partidos en pacto.

Como señala el reciente informe del centro de estudios Espacio Público “Los engranajes del sistema político chileno”, tenemos un sistema electoral que funciona como una “muñeca rusa”: La conexión electoral se establece con candidaturas individuales, pero la asignación de escaños se lleva a cabo de manera compleja entre pactos, partidos y candidaturas, dificultando el seguimiento del voto al escaño. El mismo informe destaca que este sistema electoral no sólo no promueve una participación política programática, donde las personas voten por ideas más que por figuras, sino que puede contribuir a elegir personas por las que una mayoría del electorado no hubiera votado. Nada de esto se aborda en el proyecto que estamos comentando.

Por otro lado, la idea de que un umbral electoral legal es la solución a la fragmentación proviene de un diagnóstico errado. No es el sistema electoral el que genera la fragmentación en Chile, sino un conjunto de variables, incluidos los pactos electorales. Un trabajo reciente del Centro de Estudios Públicos titulado “Umbrales electorales y fragmentación parlamentaria: mito y realidad”, sugiere que una mejor alternativa para hacer frente a la fragmentación parlamentaria es eliminar los pactos electorales, lo que simplificaría el sistema electoral, contribuiría a la diferenciación y competencia programática entre partidos políticos, y forzaría a los de menor tamaño a aliarse estratégicamente con el fin de superar el mayor umbral natural que resultaría en cada distrito.

Hay que recordar que la llamada “ley antidíscolos”, que buscaba evitar la renuncia de último minuto a partidos para presentarse a elecciones como independiente, es de octubre de 2011, cuatro años antes del reemplazo del sistema electoral binominal por el proporcional. En 2013, dos años antes de la reforma electoral de 2015, había 10 partidos políticos en la Cámara. Entonces se formaron dos más: Amplitud y Evópoli, quedando el número en 12. Aún con sistema binominal, teníamos 12 partidos en la Cámara y 17 en el país. En la primera elección tras la reforma, el 2017, el número subió a 16. 

Sobre el umbral legal, el informe del CEP señala que la fragmentación parlamentaria es un fenómeno multicausal, que no se puede atribuir exclusivamente al sistema electoral proporcional. También muestra que la experiencia comparada que se usa para defender el umbral no es fácilmente extrapolable a nuestra realidad. Y agrega que establecer umbrales legales introduce una complejidad adicional a un sistema electoral ya sumamente complicado, lo que podría impactar en la legitimidad del sistema electoral y la confianza ciudadana.

En efecto, un sistema proporcional donde por ejemplo el país entero elige a una gran cantidad de representantes en un sólo distrito de gran magnitud, sin duda contribuiría a la fragmentación. Pero ese no es el caso de Chile. Los distritos más grandes que existen en nuestro sistema eligen 8 representantes. Para salir electa, una candidatura donde se eligen sólo 8 tiene un umbral natural. Distritos de menor magnitud, que eligen 3 ó 4 representantes, tienen umbrales naturales todavía más altos.

Respecto al discolaje, que es una causa de la fragmentación, la pérdida del escaño por renuncia al partido que propone este proyecto no asegura mayor disciplina partidaria. Basta que la persona se mantenga formalmente en el partido y vote sin considerar sus decisiones, como ha ocurrido con algunos parlamentarios recientemente en el Congreso. Hemos visto legisladores hacer oposición a sus propios partidos desde su escaño. Este proyecto no aborda ese problema, ni se pronuncia sobre la posibilidad de cerrar las listas, como han sugerido varios análisis expertos.

El personalismo, la falta de representación programática, la indisciplina partidaria y la dificultad para articular intereses colectivos son algunos de los problemas que aquejan al sistema político y a los partidos en Chile, afectando la calidad de la representación y la estabilidad democrática. Es del lado de la representatividad donde al país más le ha apretado el zapato en las últimas décadas. Reducir simplemente el número de actores en la mesa de negociación no garantiza que se vayan a conseguir los objetivos deseados. Si los partidos no son capaces de generar disciplina interna, un mismo partido puede tener tantos actores de veto como representantes en el Congreso.

El proyecto habla de la “desconfianza que hoy se evidencia de parte de los ciudadanos hacia la clase política” y “la ineficacia actual del sistema político”. Propone que “acortar la brecha entre las expectativas ciudadanas y la efectividad de los gobiernos para llevar adelante sus programas es esencial para legitimar las instituciones y contribuir al futuro de nuestra democracia”. Hay otras propuestas sobre la mesa que sí abordan los temas de fondo: la disciplina partidaria, la representación a partir de propuestas programáticas, la sintonía entre representantes y representados. A ellas debería apuntar una reforma del sistema político. El umbral y la pérdida de escaño no responden a esos problemas, y podrían por el contrario aumentar todavía más la desconfianza ciudadana.