El costo de criar: la raíz de la baja natalidad en Chile

El costo de criar: la raíz de la baja natalidad en Chile

Columna publicada en El País Chile (3 de octubre 2025).

Por Paula Castillo, encargada de Estudios en Rumbo Colectivo, Licán Martínez, magíster en Economía y Políticas Públicas y colaborado en Rumbo Colectivo, y Carolina Molinare, economista.

La caída de la natalidad no es un fenómeno aislado ni exclusivo de Chile, es parte de una transformación global que viene ocurriendo hace décadas. En 1960, la tasa global de fecundidad de los países de bajos ingresos era de 6,4 hijos por mujer, y la de ingresos altos era de 2,9 hijos por mujer. Hoy, esas cifras se redujeron a 4,7 y 1,4 respectivamente. En el caso de Chile, pasó de 4,7 hijos por mujer en 1960 a 1,03 hijos por mujer en 2024, ubicándose por debajo del promedio de los países de su mismo nivel de ingreso. Estas cifras reflejan un cambio demográfico profundo en cómo las sociedades se relacionan con la crianza, aunque dicho proceso ocurre con ritmos y magnitudes diferentes según el nivel de desarrollo, las políticas implementadas y los cambios socioculturales. Ante este escenario de menores tasas de fertilidad ¿Qué pueden hacer los países frente a ello?

Según el segundo informe “Análisis Comparativo Internacional” del estudio de Rumbo Colectivo “Crisis Demográfica y de Natalidad”, países como Corea del Sur o Japón, han invertido en políticas de apoyo a las madres, pero sus tasas de fecundidad siguen cayendo. La explicación está en la rigidez de sus mercados laborales y en la desigualdad de género que sigue marcando las trayectorias profesionales de las mujeres. En contraste, Francia y Uruguay han avanzado con éxito en la creación de servicios universales de cuidado para niña/os de 0 a 3 años, accesibles para todas las clases sociales, mostrando que los cambios estructurales importan más que los incentivos aislados. En el caso de Chile, el reciente informe “Canasta de Crianza: su costo económico en Chile”, de UNICEF para el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, calculó que el costo promedio de criar a un hijo durante su primer año de vida asciende a $735.057, compuesto casi por partes iguales entre bienes y servicios, y el tiempo y cuidados no remunerados que recaen, en su mayoría, sobre las mujeres.

El primer informe de Rumbo Colectivo “Análisis de Factores Sociales y Económicos” mostró algo similar desde otro ángulo: en comparación con los hogares sin hijos, para las familias más pobres, tener un hijo/a significa un alza del 38,6% en el gasto mensual del hogar, mientras que para las familias más ricas puede llegar a un alza de 75,5%. Distintas metodologías, mismo resultado: las familias que deciden tener hijos/as registran un gasto 34,9% mayor que aquellas sin hijos/as, lo que hace de la crianza sea económicamente difícil de sostener. En términos absolutos, es más costosa para los sectores altos; en términos relativos, golpea más fuerte a los sectores vulnerables. En cualquier caso, el mensaje es claro: nuestro modelo social ha convertido la decisión de criar en un privilegio marcado por la desigualdad y la incertidumbre.

En los últimos años, la discusión sobre la natalidad ha ganado espacio en la agenda pública. Sin embargo, buena parte del debate sigue capturado por diagnósticos moralizantes y simplistas que presentan la baja de nacimientos como una alarma desligada de su contexto social. Lo cierto es que decidir tener hijos o hijas no ocurre en el vacío: depende de las condiciones materiales de la vida. La inseguridad económica, la falta de servicios públicos accesibles, la carga desigual del cuidado, el alto costo de la vivienda y la ausencia de políticas integrales que acompañen la crianza son hoy los principales obstáculos.

Frente a ello, distintos sectores –desde el movimiento feminista y organizaciones sociales hasta la academia y el Gobierno– han planteado la necesidad de transitar hacia un nuevo pacto social, que reconozca el derecho a cuidar, ser cuidado y al autocuidado, y que redistribuya las responsabilidades del bienestar y garantice condiciones dignas para que las personas puedan desarrollar proyectos de vida en libertad. Avanzar hacia sistemas universales de protección social y robustecer el Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados es la base para construir una sociedad que deje de tratar la crianza como un privilegio y la asuma como un derecho compartido.

Chile se sostiene cuidando

Chile se sostiene cuidando

Columna publicada en La Tercera (27 de junio 2025).

Por Paula Castillo, encargada de Estudios de Rumbo Colectivo.

El mundo vive una profunda transformación demográfica: la sociedad envejece y los nacimientos caen. Para el caso de Chile, según datos del INE, en 2024 se registraron apenas 154.411, una baja de 44,6% respecto de 1992, y la Tasa Global de Fecundidad cayó a 1,03 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo generacional estimado en 2,1. Por ello, el debate público debe abocarse a estudiar las causas y proponer medidas de mitigación atingentes e innovadoras.

Según la encuesta ICSO-UDP (junio 2025), una de las principales razones de quienes desean tener hijos pero no lo hacen, es la dificultad de compatibilizar crianza y trabajo. Para las mujeres implica una disminución de ingresos, jornadas dobles y escaso apoyo institucional. Para los hombres, la imposibilidad de asumir un rol activo desde el nacimiento de las y los hijos. Como identifica el último informe de Rumbo Colectivo, esta realidad golpea con más fuerza en sectores populares, cuya tasa de fecundidad registra la caída más drástica, y a pesar de las políticas actuales, persiste la desigualdad de género en la crianza. Por tanto, las políticas deben apuntar hacia la corresponsabilidad entre madres y padres, la redistribución de la crianza y fomentar la participación del Estado.

En ese sentido, el Proyecto de Ley (Boletín Nº17049-13) presentado por el diputado Patricio Rosas (FA) representa un buen piso para partir. Este busca principalmente extender el postnatal para las mujeres de 6 a 8 meses obligatorios y 3 adicionales con subsidio decreciente, buscando encontrar un equilibrio entre sostenibilidad fiscal y ampliación de derechos, en línea con países OCDE; y aumentar de 5 a 30 días obligatorios para los hombres, promoviendo el reconocimiento sustancial de la corresponsabilidad como práctica.

Si bien es un piso que va en directo beneficio del desarrollo del recién nacido, de la formación de apego entre padres e hijos en los primeros meses de vida, y de facilitar la crianza en momentos cruciales para su desarrollo, resulta fundamental la adición de otras políticas de corresponsabilidad y cuidados para evitar que el proyecto tome un enfoque maternalista y promueva estereotipos de género, en especial considerando que la extensión propuesta es desigual.

En ese sentido, propuestas como las de Gonzalo Winter —acceso a terapias de reproducción asistida, un banco nacional para óvulos y espermios, y la ampliación del Programa 4 a 7, que proporciona un espacio de cuidado integral y seguro para niños entre 6 y 13 años— son un buen complemento al proyecto, ya que apuestan por una sociedad que valora la autonomía reproductiva y respalda el trabajo de cuidar.

En la vereda contraria, las voces conservadoras atribuyen la baja natalidad a un supuesto egoísmo generacional, a la pérdida de vocación maternal e incluso a que la izquierda habría convencido a los chilenos de que tener hijos es un problema. De forma contradictoria, proponen medidas insuficientes —como bonos— que refuerzan una lógica que premia a las mujeres que eligen maternar y castiga a las que no. Con ello, desconocen el éxito de las políticas de prevención del embarazo adolescente y que criar en Chile es caro, desigual y solitario.

Especialmente en el contexto actual, no se trata de culparnos a las mujeres ni a la conquista de nuestros derechos, sino de respaldar aquellas iniciativas que aseguren tiempo, dignidad y protección para quienes cuidan. Porque cuidar también es trabajo y garantizar la libertad de quienes cuidan es, también, hacer futuro.

Rumbo Colectivo lanza estudio “Crisis demográfica y de natalidad en Chile”

Rumbo Colectivo lanza estudio “Crisis demográfica y de natalidad en Chile”

La investigación “Crisis demográfica y de natalidad en Chile” calcula por primera vez el costo económico de crianza de hijos menores de 18 años en el país, además de advertir sobre causas de la baja fecundidad, como costos de crianza, ausencia de apoyos públicos, persistencia de roles de género, e inseguridad económica.

El gasto de hogares que cuentan con la presencia de menores a 18 años en el hogar en Chile es un 35% más alto que en aquellos hogares sin presencia de menores de edad. Este es uno de los principales hallazgos del estudio “Crisis demográfica y de natalidad en Chile”, realizado por el centro de pensamiento Rumbo Colectivo, el cual actualiza los principales indicadores de natalidad del país, como el costo económico de criar un hijo/a, desagregado por quintil socioeconómico, además de reenfocar el debate de natalidad hacia políticas centradas en derechos, cuidados y justicia social.

“El estudio marcar un punto de inflexión en un debate que, hasta ahora, ha estado hegemonizado por miradas conservadoras, que en general omiten las condiciones materiales que enfrentan principalmente las mujeres a la hora de decidir sobre la maternidad. Se identifica que la natalidad no es un problema individual, sino un síntoma de un modelo que penaliza la maternidad y precariza la crianza. Con el estudio, se propone un nuevo punto de vista para el debate, que trasciende el fomento de la natalidad por decreto, y propone hablar de un nuevo pacto social que reconozca el derecho a cuidar y garantice las condiciones para desarrollar proyectos de vida con libertad y seguridad”, señaló Paula Castillo, encargada de Estudios de Rumbo Colectivo.

Entre los principales hallazgos de la primera parte del estudio, “Análisis de factores sociales y económicos”, se encuentra que la tasa de fecundidad alcanza su nivel más bajo en la historia del país, con 1,03 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional (2,1), en la misma línea, que la caída de nacimientos es de un 44,6% entre los años 1992 y 2024, y de un 11,3% entre 2023 y 2024, consolidando una tendencia a la baja de largo plazo, especialmente marcada en grupos más jóvenes.

Asimismo, la investigación señala que la tasa de fecundidad adolescente cayó de 64,6 nacimientos por cada 1.000 adolescentes en 1990, a 12,2 en 2022, consolidando una baja de 81,1%.

En cuanto al perfil de las madres, el estudio indica que la maternidad está hoy mayormente asociada a mujeres con educación superior y mayor edad que en décadas anteriores. Mientras que respecto al cambio en la edad promedio de la maternidad, revela que en 1992 predominaban los nacimientos en mujeres jóvenes —principalmente en los grupos de 20 a 24 y 25 a 29 años—, en las últimas décadas ha aumentado significativamente el peso relativo de los nacimientos en mujeres mayores de 30 años.

El análisis, también, identifica que el costo de la crianza en hogares que cuentan con la presencia de menores de 18 años es un 35% más alto que en aquellos hogares sin presencia de menores, lo que se manifiesta en una diferencia de $442.773 en gastos. En ese sentido, los datos muestran que, en todos los quintiles, el gasto mensual promedio es significativamente mayor cuando hay niños, niñas o adolescentes en el hogar. Esta diferencia va desde un 38,6% en el quintil I hasta un 75,5% en el quintil V.

Por su parte, en cuanto al gasto desigual en educación, el estudio señala que las familias del quintil más alto gastan un 94,6% más en educación que las del quintil más bajo. Y que, además, solo el 0,2% de los padres hace uso del postnatal parental, lo que refleja una persistente desigualdad de género en el cuidado.

El estudio, que utilizó datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) y de la Encuesta de Presupuestos Familiares (EPF), es el primero de una serie de informes, que incluyen un análisis cualitativo de políticas pro-fecundidad en distintos países, y una propuesta de agenda programática para enfrentar la crisis de natalidad desde políticas públicas transformadoras.

Lanzamiento

La primera parte del estudio se presentó públicamente este 17 de junio por parte de las investigadoras Licán Martínez, ingeniera comercial y magíster en Economía y Políticas Públicas de la Universidad Adolfo Ibáñez, y Carolina Molinare, ingeniera comercial y magíster en Economía de la Universidad Adolfo Ibáñez.

Asimismo, el análisis fue comentado en un posterior panel de conversación, integrado por Javiera Toro, ministra de Desarrollo Social y Familia, Cristóbal Cuadrado, profesor asociado de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, y Javiera Canales, directora ejecutiva de Corporación MILES.